lunes, 31 de marzo de 2014

martes, 28 de enero de 2014

Los Derechos De La Embarazada

Sumidos en la vorágine mediática de información, violencia, preocupaciones domésticas y económicas, falta de proyectos, etc., poco tiempo hay para reflexionar sobre el parto y el nacimiento, sobre el carácter fundacional en la aparición de un nuevo ser y en las implicancias emocionales y físicas para la madre y su nuevo hijo. 
La técnica y la tecnología han sido y son utilizadas en muchas oportunidades como argumentos de intervención profesional, provocando una alteración en la trama vincular. Se transforma así, la instancia de embarazo y parto, en episodios en los que la pérdida de individualidad, intimidad, sostén, escucha, dan lugar a una sucesión de rutinas e intervenciones médicas innecesarias y escasas veces decididas desde la reflexión y el respeto por el mundo afectivo de la embarazada. Estas instancias esenciales en la vida de toda persona, que conllevan transformaciones profundas en la subjetividad, sobre todo en la subjetividad femenina, no suelen ser acompañadas con una estructura de asistencia y atención que valorice especialmente los aspectos afectivos, vinculares, familiares y de compromiso de la sexualidad que envuelven al parto y al nacimiento. El cuerpo de la mujer, caja de resonancia y ámbito de expresión de cambios y emociones suele ser sometido, maltratado, inmovilizado, domesticado en función de un parto conducido que exigirá quietud, silencio y obediencia. Pensando en la violencia que comporta para la mujer algunas prácticas asistenciales, desde el sentimiento de indiferencia que se instala en los encuentros con los profesionales hasta la percepción del abuso de algunas prácticas; y considerando los ideales sociales sobre lo que "debe y no debe hacerse" , es que elaboramos un decálogo de derechos de la embarazada. Dentro de ese consenso de habitual aceptación del maltrato como parte del proceso de tener un hijo, se destacan algunas mujeres que reconocen en su intimidad el abuso al que se someten y son sometidas. Este malestar ha generado en nuestro país y en otros lugares dei mundo, alternativas y procedimientos que han sido definidos de múltiples maneras y que posibilitan eludir los condicionamientos que impiden a cada mujer asumir el rol protagónico y favorecen la reflexión acerca de como quieren parir y recibir al hijo. El cuidado no está solamente vinculado a la atención tecnológica, sino que lo esencial pasa por ese "cuerpo a cuerpo" de la relación entre la futura madre, el padre, y el equipo profesional que les brinda asistencia. Este decálogo de derechos intenta restablecer los conceptos de dignidad, respeto, continencia, placer, permisos, tolerancia.
Decálogo de los derechos de la embarazada
  1. Derecho a que no la consideren una enferma
  2. Derecho a pedir la participación de su pareja
  3. Derecho a tener miedo
  4. Derecho a elegir
  5. Derecho a sentirse dueña de su cuerpo
  6. Derecho a no someterse a rutinas médicas innecesarias
  7. Derecho a sentir placer y a sentir dolor
  8. Derecho a expresarse según su necesidad
  9. Derecho al vínculo inmediato con su hijo
  10. Derecho al buen trato
1- Derecho a que no la consideren una enferma

Ella llega a casa de sus padres y dice alegremente: "Estoy embarazada!". Y la respuesta a este alborozo es similar en ellos. Pero, de inmediato, surgen las recomendaciones: "Ahora tenés que cuidarte", "no hagas tanta gimnasia", "no subas escaleras", y muchas más. Y las preguntas: "Has tenido vómitos, mareos, etc.?".
En los días siguientes en todos los medios donde se mueva encontrará parecidas respuestas: alegría, pero también limitaciones a sus actividades cotidianas. No solo sus familiares y amigos imaginan y crean una situación de riesgo, sino que un gran porcentaje de médicos comparte este sentimiento: prohibiciones, estudios excesivos, medicamentos innecesarios.
En realidad, no solo no está enferma, sino que ésta es la etapa más plena de su vida, y no tiene por que variar su ritmo de todos los días.
¿De dónde proviene esta idea de tomar el embarazo como una enfermedad? Desde el comienzo de la gestación empiezan a cambiar cosas. Se siente distinta. Dentro de sí, algo ocurre en su cuerpo y en sus emociones. Y afuera, también, algo se modifica en la relación con los demás.
Y es que estos cambios suyos provocan en la gente la sensación de "no habitualidad", y se tiende a considerar lo no habitual como "no normal", o "no sano", por lo tanto el embarazo resulta ser una situación de "enfermedad". Por otra parte, las mujeres de su alrededor proyectan sobre ella sus propias historias. El recuerdo de como fueron tratadas, sus experiencias personales, sus sensaciones, sufrimientos, etc., son depositados en la embarazada como si el suyo fuera un "mal estado". Y aparecen las advertencias que presuponen un cuidado. Muchos de estos cuidados están enfocados a limitar fundamentalmente su actividad física: ejercicios, desplazamientos cotidianos, actividad sexual, etc.: un organismo enfermo se supone que debe estar en reposo.
Lo cierto es que es simplemente una etapa importantísima en la vida de una mujer, que no le impedirá casi nada y que debe ser vivida con placer y permisos.
Seguir con todo lo que venía haciendo: trabajo, estudio, deportes (exceptuando situaciones muy violentas). Pasear y bailar, ir a la peluquería y comer como siempre. Dejarse invadir por estos cambios y no por sugerencias externas, la conducirán seguramente a disfrutar con menos ansiedad y más salud.
Y si sus ganas son las de vivir con intensidad esta etapa que cambiará su vida, es importante que pueda defender el derecho de estar sana y sentirse bien. Y para ello, reconocer los mensajes de su propio cuerpo, que le impondrá la libertad y los límites naturales.

2- Derecho a pedir la participación de su pareja

Él llega a la oficina y cuenta: "¡... y voy a estar en el parto!", y sus compañeros aterrados le contestan: "pero, y si te desmayas?, te van a tener que atender a vos en lugar de ella", "yo no podría verla sufrir", "esto es cosa de mujeres". Cuando ambos se acercan a la consulta, ambos buscan ser oídos. Ella y él quieren y desean encontrarle un lugar a él en esta nueva situación. Estos dos seres humanos, varón y mujer, que un día se encontraron y decidieron compartir la vida, también decidieron juntos incluir al hijo y transformarse en una familia.Y si bien el embarazo está instalado en el cuerpo de la mujer, en realidad les pertenece a los dos.
¿Por qué entonces la reacción de los demás frente al deseo de participación? El desconcierto que despierta un planteo tan simple y elemental como el de incluir al varón se expresa con advertencias llenas de temor. El hombre está bastante propenso a participar, pero frecuentemente no es acompañando por quienes debieran hacerlo: familiares y amigos que lo desalientan, el médico que lo deja fuera de la consulta, la partera que lo saca cuando va a examinar a su mujer, la enfermera a cada momento, y las instituciones que lo excluyen desde rígidas normas. Esto sucede así porque la participación del varón es transgresora porque es un cambio en algo establecido. El embarazo y el parto fueron históricamente cosa de mujeres. Pero esta situación está cambiando porque también se transformó la relación de pareja. En efecto, la cultura de centurias que impuso los roles fijos y estereotipados del varón fuera de la casa y la mujer dentro, excluyó a la mujer del desarrollo personal y al varón del vínculo con los hijos.
Actualmente; los nuevos paradigmas sociales y económicos provocan cambios frente a la situación de embarazo, situaciones como la desocupación y la necesidad de contar con más de un ingreso para sostener el hogar, y el diálogo más abierto hace que lo referido a las cuestiones domésticas ya no sea "cosa de mujeres", sino "cosa de la pareja". No solo el varón sino la mujer pueden exigir un compromiso de quienes los asisten, para otorgarles el derecho de poder estar Juntos en todas las instancias que lo deseen.
Si los dos quieren compartir las vivencias del parto, la pareja debe defender este derecho a que él participe, porque el nivel de emoción de ambos durante esta milagrosa experiencia será más intenso y perdurable.
él está preparado, si lo desea. Nada lo obliga, solo el deseo de ambos. Puede estar para ver, para tomar al niño en el nacimiento, para cortar el cordón, o solo para estar. Su presencia, sus caricias, su aliento, son un soporte magnífico para sostener a su mujer en el momento de parir a su hijo.

3- Derecho a tener miedo 

"¿Así que estás embarazada?, no te preocupes, no tengas miedo, que todo va a andar bien." Ante esta habitual respuesta, ella se deja invadir por los temidos fantasmas que sugiere la palabra miedo, y el intento de negarlos es casi una regla.
El miedo al movimiento, a las malformaciones fetales, al dolor, al sufrimiento, y a la muerte de la madre o del bebé, son emociones que con mayor o menor intensidad, y mayor o menor negación, acompañan siempre a la embarazada. Frente a la aparición de estas emociones y la tentativa de apaciguarlas es necesario tomar conciencia de que no se pueden detener.
Si se analizan los orígenes, los momentos y motivos en que estos temores aparecen, la embarazada podrá aceptarlos y buscar contención afectiva y respuestas adecuadas.
Las fantasías de muerte, son la base de todos los temores. En otras épocas había muchos casos de muerte en embarazos y partos, cuando no existía control de la natalidad ni medios técnicos para controlar adecuadamente el embarazo, y para atender las urgencias o accidentes que pudieran surgir. Esto fue así desde siempre hasta el siglo XX, y entonces; ¿¡Cómo no tener miedo!?
- Los miedos son irracionales y muy profundos, tienen que ver con lo ancestral y más primitivo de nosotros. Desde tiempos remotos el ser humano creó rituales para conjurar lo temido y hoy de distintas maneras seguimos haciéndolo. Cuando una embarazada pide un "curso de parto sin temor y sin dolor" está solicitando un ritual mágico para resolver su miedo. En verdad prepararse para el parto implica asumir el temor y el dolor como una realidad que ella va a transitar pero con la que puede operar y no paralizarse.
- Otra cuestión que asusta es la posibilidad del sufrimiento. Debemos diferenciarlo del dolor, que es una sensación física displacentera pero que no está asociado a las emociones. Cuando hay mucho temor, el dolor puede transformarse en sufrimiento que supone sentimientos de pérdida y de abandono.
El temor más conscientemente reconocido es el de la malformación del bebé. Tal vez por ser el más simple de descartar (antecedentes, estudios, etc.) los médicos pueden tranquilizar mejor a la mujer. Es decir que puede haber un mayor diálogo sobre este temor en particular, porque de alguna manera estamos hablando de otro que es el bebé.
Pero si en el vínculo entre el equipo y la pareja se pueden compartir otros temores y hablar de ellos, seguramente dejarán de tener un efecto adverso. La cuestión no reside en no tener miedo, sino en reconocerlo y aceptarlo para poder actuar y no cerrarse.
Cuando el equipo de asistencia acepta los temores y ayuda a la pareja a no paralizarse, está admitiendo el derecho a tener miedo.

4-
 Derecho a elegir

"¿Ya fuiste a ver al obstetra?" "Si -dice ella- pero no me gustó". Esto implica una sensación, una respuesta emocional que muchas veces no es del todo clara. Puede que sea porque no se sintió escuchada, o porque hubo brusquedad en el trato, o porque no le gustó el modelo de asistencia.
Y expresa así su posibilidad de elegir de acuerdo con su necesidad, cosa que habitualmente no se hace porque se acepta la experiencia de la amiga, la recomendación de la compañera de oficina, o la proximidad del consultorio del médico que está en la cartilla. 
¿Y por qué es tan importante la elección del médico, del equipo, del lugar del parto?
 Porque esta situación que se da muy pocas veces en la vida ¿dos, tres, cinco?, tiene tal intensidad emocional que vale la pena vivirla de la mejor manera posible.
¿Se sabe siempre qué es lo que se elige? La mayor parte de las veces no, y se hace a partir de las propuestas de los otros, en menor porcentaje se duda entre qué elegir, y pocos eligen sabiendo lo que quieren de verdad. Entonces, ¿por dónde empezar?. Tal vez si cada uno se preguntara: ¿qué busco, qué quiero, qué necesito?, podría armarse un modelo propio, de acuerdo con sus posibilidades y no el que está preestablecido.
Los modelos de asistencia rutinarios, toman muy poco en cuenta las modificaciones intensas que suceden en las emociones de la embarazada. Prácticamente se ocupan exclusivamente de los cuidados físicos de la madre y el hijo, para lo cual se han elaborado extraordinarias técnicas al servicio de la seguridad biológica, pero nada o casi nada al cuidado de la salud afectiva.
Pero en el modelo propio, que cada mujer puede construirse para sí misma, tiene que estar implícita -además- la certeza de no ser mentida ni engañada. Sentirse libre y contenida al mismo tiempo. Dudar, preguntar, obtener respuestas. Ser contradictoria e incoherente y comprendida en esos cambios. Frecuentemente, en función del desconocimiento, las primeras elecciones se hacen arbitrariamente; y a medida que transcurren los meses es posible verificar si se ha elegido de acuerdo a uno mismo. Cuando no es así, si la pareja siente que "algo" no funciona.
Siempre se está a tiempo, en el lapso de estos largos nueve meses, de volver a buscar, de volver a elegir. Aun cuando falte muy poco para el parto, tal vez sea preferible un nuevo cambio, una nueva búsqueda, antes que quedarse con lo que no se elige. Sin duda, esto supondrá nuevas incertidumbres, pero a partir del esfuerzo de reflexión, es cuando se afirma el derecho a elegir estar mejor.

5- Derecho a sentirse dueña de su cuerpo 

"Doctor, ¿cuándo empiezo con los ejercicios?" Este pedido se hace después de que numerosas frases se superponen en la nutrida información de amigas, T.V., revistas, y llenan sus pensamientos con títulos tales como "psico-profilaxis", "cursos de parto sin dolor o sin temor", "gimnasia preparto", "relajación", etc.
A medida que se desarrolla el embarazo, el esquema corporal (que es una imagen constituida por la imagen reflejada en el espejo, más la que los otros nos devuelven, más el propio registro) se altera cotidianamente.
También va cambiando el eje de equilibrio, el peso y el metabolismo. Esto crea cierta dificultad para reconocerse, porque se trata de una transformación que no cesa y lo que sucede en el cuerpo tiene un exacto correlato emocional, es decir que a este movimiento en el cuerpo se corresponde un movimiento en las emociones -están más sensibles, más irritables, reaccionan rapidamente ante cualquier estimulo-.
Se pierde seguridad y se tiende a buscar en otros la reafirmación de las propias posibilidades. Por ejemplo, alguien que tenga una dificultad para caminar puede encontrar en otros, distintas actitudes que intentan ayudarlo. Así, habrá quien le acerque una silla de ruedas, tal vez otro le proponga muletas, y un tercero le ofrezca su brazo y lo estimule con un "vos podés".
En el último ejemplo el otro está ayudando a que la persona en cuestión se re-encuentre con su propio cuerpo, con lo que puede. Este "poder sobre sí mismo" implica adueñarse de uno quitándole al otro el poder. Después del parto las mujeres suelen decir refiriéndose al médico o a la partera: "lo hizo nacer", así entrega su poder a los otros. En realidad es ella la que desde "su" cuerpo hace nacer.
De igual modo durante el trabajo de parto, a veces la parturienta recibe consignas muy rígidas que le impiden actuar libremente, se la obliga a la obediencia y a la inmovilidad.
Aquí los otros se adueñan del cuerpo de ella, ignorando sus necesidades y deseos. Esta situación suele estar ya planteada en los "cursos" en los cuales se "instruye" a la futura mamá para "portarse bien en el parto". Sería deseable que todos los sistemas de preparación prenatales estimularan el descubrimiento propio, la creatividad, la posibilidad del placer para que la embarazada se reafirme en su derecho a sentirse dueña de su cuerpo; antes que preparar la ejercitación mecánica muscular que responde a consignas y necesidades de otros (médicos y/o parteras) y no a tienen en cuenta las necesidades de las mujeres.

6- Derecho a no someterse a rutinas médicas innecesarias

Y la partera les cuenta: "en cuanto se internen las van a preparar". Y la mujer pregunta: ¿qué quiere decir nos van a "preparar"? Aquí aparece la primera intervención rutinaria: rasurado y enema.
Durante el embarazo existen una serie de procedimientos que se realizan sistemáticamente, pero muchos de ellos responden a pautas necesarias de establecer y que no resultan cruentas ni injustificadas (por ejemplo: análisis biológicos, control de tensión arterial, etc.).
Pero es en el momento del parto en donde surge con toda claridad la violencia de las rutinas innecesarias.
Podríamos hacer una descripción de todas estas rutinas, pero solo para aclarar que cada una puede llegar a tener una indicación precisa en determinado momento.
¿Por qué hacer enemas si durante el trabajo de parto las contracciones uterinas despiertan el peristaltismo intestinal de modo que casi siempre se llega a la sala de partos después de una o varias deposiciones? Solo se puede justificar si es que hay una severa constipación lo que sucede muy pocas veces.
¿Por qué poner goteos para apurar un trabajo de parto que tiene su propio tiempo, su propio ritmo, su propio modo? Será necesario cuando de verdad se produzca una alteración tal de la dinámica que así lo exija.
¿Para qué romper la "bolsa de las aguas" a fin de acelerar el proceso de dilatación si esta elástica membrana protege la cabecita del bebé de serios esfuerzos al apoyar sobre el cuello del útero? Será necesario solo en casos excepcionales.
¿Por qué impedir que la parturienta se levante, se mueva, pueda ir al baño, camine, tome líquidos si tiene sed? Seguramente en ciertos momentos hay una explicación médica para cada prohibición, pero estas son situaciones muy poco frecuentes. Sin embargo, todos conocemos la frase terminante de la enfermera: "póngase el camisón y métase en la cama".
¿Y la obligación de ir en camilla a la sala de partos? ¿En cuántos sanatorios está prohibido que la parturienta camine acompañada por su equipo? ¿Por qué someter verbalmente con órdenes y exigencias, y a veces con amenazas veladas (por ejemplo: "Si no hacés fuerza, te voy a hacer un Fórceps"), a la mujer que expresa con llantos o con gritos su ansiedad y su miedo?.
¿Y la prematura realización de anestesia en la zona vulvar (que edematiza los tejidos e impide su distensión), con la consiguiente episiotomía, sin esperar exactamente el instante en que una adecuada valoración permita saber si es necesario?.
Cada uno de estos procedimientos se realizan como un hábito adquirido de hacer las cosas por mera práctica y sin reflexión, transformándolos en un ejercicio de poder en el que la mujer es sometida.
Nada de esto debe funcionar como "rutina", y debe ser usado como consecuencia y alternativa individual frente a problemas concretos. Partiendo de la base de que la mayoría de los partos evolucionan espontáneamente, cada mujer debiera intentar ejercer su derecho a que no se intervenga innecesariamente para que así sea.

7- Derecho a sentir placer y a sentir dolor

Ella le cuenta a su amiga: "Los dolores del parto no eran para tanto". Y la amiga le contesta: "Sin embargo, para mi fueron terribles". Este diálogo revelador de sentimientos tan encontrados frente a una misma situación nos lleva a considerar qué factores están influyendo para que sientan distinto.
En el parto hay estímulos que se originan en eI cuello del útero durante la dilatación, otros que se producen por el pasaje del bebé a través de la vagina y la compresión de los tejidos vecinos, y por fin los que se producen en el nacimiento por la salida a través de la vulva. Estos estímulos forman parte del proceso común en cualquier mujer e integran el mecanismo del dolor.
Si indagamos en la historia de las dos protagonistas, de cada uno de esos partos, seguramente encontraremos que aquella que pudo (y la dejaron) aceptar la inclusión del dolor como parte del proceso y de la vida, también obtuvo el intenso placer que conlleva el nacimiento de un hijo.
La que sepa de estos mecanismos y posea un entorno dispuesto a acompañarla en esta aventura de sensaciones, también podrá disfrutarla. La continencia afectiva del equipo asistencial es la infraestructura necesaria para que esto se logre.
Los vínculos solidarios en actitud de sostener el dolor del otro, le permiten al otro sostenerse a sí mismo.
Esto conducirá a aceptar la existencia del placer también en el período expulsivo, donde el estallido emocional puede constituirse en la máxima vivencia de un ser humano. Pero debemos reconocer que muchos sectores de la sociedad contemporánea penalizan el solo hecho de pensar en el placer del parto. Por eso solo se habla de dolor.
Desde la obstetricia, es habitual que aquellos más preocupados por el dolor, sean los que instrumenten más cosas para evitar el placer.

María, primigesta, de 39 años se interna en trabajo de parto y la está esperando el anestesista que, sin haberla consultado, le practica una anestesia peridural. Después del parto María se siente profundamente traicionada porque esto no había sido hablado con su médico.
Tres años después y esperando su segundo hijo, elige otro obstetra y le pide que le garantice que no va a haber anestesia porque ella quiere sentir y vivir lo que sea. En el parto, al final de la dilatación, -que suele ser el momento más doloroso- el médico le pregunta: "Y, ¿cómo es mejor, con peridural o sin ella?". Y María le contesta en medio de u
na contracción: "¡Es mejor sin peridural, porque estoy preparada y sintiendo un montón 
de emociones!".

8- Derecho a expresarse según su necesidad

En el grupo de embarazadas ella dice: "Tengo miedo de descontrolarme en el parto, me gustaría portarme bien". Y otra mujer le contesta: "En mi parto anterior me dijeron que no estaba pujando bien porque gritaba, y me sentí culpable". Estas frases tan comunes muestran la importancia que para cada uno adquiere el comportamiento propio y el ajeno.
En la situación de embarazo, los intensos cambios que se suceden se expresan en los pensamientos y en las emociones como actitudes contradictorias, que asustan no solo a la embarazada, sino y especialmente a su entorno: familiares, amigos y también profesionales.
Estos contrastes se resuelven en sus gestos y en sus palabras, generando a veces incoherencia y contradicción, a tal punto que remiten al fantasma de la locura. Fantasma que surge con el miedo al descontrol o al ridículo, y hace aparecer la obligación a la coherencia, al punto que impide o censura hasta la mas simple de las expresiones.
Tan es así, que desde el principio del vínculo con su médico, este suele plantear los límites - hasta donde está dispuesto a tolerar las expresiones de ella. Cuando la mujer comunica sus miedos o inquietudes durante el embarazo: no ser escuchada o atendida se constituye en la más precoz limitación a su posibilidad de expresión. Nadie puede reconocer la propia necesidad mejor que uno mismo ¿Cómo entonces establecer cuando el otro necesita llorar, cantar, gritar o reír?
"Dejarse fluir" es fundamental también para el placentero desarrollo del parto: movimientos, voces, sonidos, palabras, miradas; se convierten además en la posibilidad de comunicar lo que se siente.
Frente a la aparición libre de cualquiera de estos episodios en el parto, habrá distintas actitudes del equipo o del personal auxiliar. Estarán quienes la penalicen o agredan, quienes la ignoren, y otros escucharán atentamente para contenerla y acompañarla; y en esas intensas horas le propondrán, por el contrario, que exprese a su modo todas sus sensaciones sin inhibiciones. Es importante que la embarazada sepa que los transitorios momentos de confusión o de angustia, o de "descontrol" o la sensación de "no poder", presentes en el parto, son naturales y frecuentes.
Por ejemplo, cuando una parturienta grita en la sala de partos, está reafirmando una situación de energía y esfuerzo, del mismo modo que lo hacen quienes practican artes marciales.
La mejor manera de ejercer el derecho a la expresión, es demandando esto anticipadamente y buscando vínculos permisivos que lo posibiliten.

9- Derecho al vínculo inmediato con su hijo

En la sala de partos el pediatra sostiene una tela estéril entre sus manos y en cuanto el bebé nace, lo toma, espera el inmediato corte del cordón y sale corriendo con él, mientras lo frota entusiastamente. La madre pregunta a todos: "¿Cómo está mi bebé? ¿Está sanito?".
Esta escena describe la interrupción brusca de una relación que empezó dentro de la panza y debía continuarse fuera para ir separándose de a poquito. Del cuerpo de la embarazada, a partir del nacimiento, surge otro cuerpo: el de su hijo; y estos dos seres tienen iguales derechos y necesidades que se corresponden.
Cuando quienes los asisten intervienen separándolos rápidamente, provocan en ambos una sensación terrible de vacío: en la madre desde el contenido y en el bebé desde el continente.
El parto rompe el equilibrio del embarazo generando una situación de ansiedad que es máxima en ese momento.
Cuando se favorece el reencuentro mamá-bebé, la reacomodación es inmediata y calma a ambos. El bebé sólo se tranquilizará al abrigo de su madre, y ella, a su vez, necesita de inmediato: 1) verlo (quién es), 2) que está bien (cómo es) y 3) cuidarlo (confirmar que puede). La impronta de los primeros minutos de contacto, llamada "apego", es fundamental para este vínculo.
Quienes demoran esta relación inmediata, quizá no saben que las rutinas que utilizan sirven básicamente para calmar la ansiedad profesional sin pensar demasiado si lo que están haciendo, es realmente a favor del otro.
Por cierto, cada procedimiento tendrá su justificación. Lo que el recién nacido necesita de inmediato es preservar su temperatura y poder respirar libremente. Pero, ¿hay mejor fuente de calor que el contacto inmediato con la piel materna a la misma temperatura? Desde este calmo lugar ¿no es más tranquilizador animarse a respirar con lentitud sin ser exigido? -como la exigencia al llanto inmediato, buscada a veces con violencia, corno sinónimo de vida- y que solo manifiesta la posibilidad de protesta del bebé.
En definitiva, el encuentro inmediato con el hijo es un derecho que debe ser reclamado no solo desde el lugar de la mujer, sino desde este niño.

10- Derecho al buen trato

"Por favor: ¡cierre la puerta!" Una voz reclama desde dentro de la sala de partos, y se observa al pasar una mujer acostada, con las piernas sujetas en alto, colgadas, con los genitales expuestos hacia la puerta, su rostro no se ve, enfermeras que entran y salen...
La agresión franca que se puede jugar en la sala de partos sería extensa de describir. Pero el buen o el mal trato suele comenzar desde el embarazo. Desde las primeras consultas se pone en evidencia el respeto, o todo lo contrario. Un médico que dedica solo diez minutos, que ni siquiera recuerda su nombre, que no da espacio para preguntas, ni da respuestas, son los primeros ejemplos de la modalidad que se construye en este vínculo.
La inquietud cada vez más generalizada sobre esta sucesión de maltratos ha determinado la aparición de distintos rótulos o denominaciones de modelos de asistencia o modelos de parto, que llevan muchas veces a confusión. Parto sin violencia, parto vertical, parto ecológico, parto en el agua, parto natural, parto humanizado, parto hogareño.
En realidad en cada una de estas propuestas se destacan aspectos parciales de una actitud que englobaría a todos. Porque no importa demasiado dónde ni con qué rituales. Por ejemplo, para el parto vertical, no es imprescindible la presencia de un sillón, ya que lo vertical sugiere la deambulación espontánea y la elección de posiciones de acuerdo a su necesidad, que la parturienta puede adoptar.
El buen trato se manifiesta en el respeto a los tiempos propios de este suceso de parir, a la actitud comprensiva, tolerante y contenedora de los que la acompañan, alentando el sentimiento de poder de la embarazada mas allá de aquellos miedos que la paralizan, como el miedo a agredir, a romper o a ensuciar. El equipo debe entender estas contradicciones. Porque la sensación de falta de afecto, o de desinterés, o las actitudes agresivas llevan a la mujer a un desconcierto que transforma en poco tolerable la situación del parto.
Lo verdaderamente trascendente es el respeto a ella como persona, como ser individual que sabe de sus propias necesidades.
En el buen trato, también esta implícito el saber del equipo, su experiencia y el adecuado uso de ciencia y técnica. Ya que "lo natural" a ultranza, puede implicar el abandono y el desconocimiento.
No hay modelos que aseguren todo. La mejor alternativa es considerar a la mujer en su integridad de cuerpo, emociones y pensamientos. Y este es SU PRINCIPAL DERECHO.


Los derechos de la embarazada - Dr. Carlos Burgo

martes, 7 de enero de 2014

DOULAS - EL RESPETUOSO ARTE DE ACOMPAÑAR

Estamos en la sociedad del aquí y ahora, la sociedad de las prisas, de la agresividad, de la falta de respeto, de la exigencia, del hedonismo, del consumismo y un largo etc.
Además, si echamos la vista atrás, nos damos cuenta de que con el discurrir de los años, se notan más estos rasgos negativos en las comunidades donde residimos. Los seres humanos, en paralelo al progreso técnico de nuestra sociedad, estamos cada vez más solos y aislados, lo que resulta paradójico pues la población mundial no para de crecer. Cada vez somos más, y sin embargo, no conocemos a los vecinos, las familias son mucho más reducidas o están lejos, y en muchas ocasiones, existe un palpable distanciamiento emocional entre las personas.
No deja de ser chocante que el deterioro de nuestra sociedad marche paralelo al deterioro de nuestro planeta.
Aunque, en realidad, este hecho no tiene nada de fortuito. Como bien dice el insigne cirujano y obstetra francés Michel Odent: “Para cambiar el mundo es preciso cambiar la forma de nacer”.
El parto y el nacimiento han pasado de ser sublimes acontecimientos de la naturaleza mamífera femenina a actos medicalizados, solitarios, dirigidos e institucionalizados en exceso. Parimos en ambientes estresantes, donde nos infantilizan, pasamos hambre, nos ordenan, nos controlan, nos ningunean, nos violentan, y lo que aún es peor, nacemos ansiosos y con miedo en ambientes ruidosos, hostiles, fríos, violentos. En resumidas cuentas, parimos rodeados de dolor, desasosiego, estrés y violencia y nacemos rodeados de dolor, angustia, estrés y violencia.
Nada más nacer, nos separan de nuestra madre, nada más parir nos separan de nuestro bebé. No debe extrañarnos, pues, que la violencia, el egoísmo, el desapego y la indiferencia se hayan instalado alrededor nuestra en todas partes.
La humanidad está, pues, ante un desafío muy complejo. Debemos restablecer los ritmos de antaño, debemos volver a sacralizar el acto del nacimiento y del parto, debemos devolverles a las mujeres la decisión sobre su cuerpo y la vida de sus hijos, debemos recuperar el respeto por lo femenino, por sus ciclos, por sus tiempos, por su espiritualidad. Menarquia, embarazo, parto, lactancia, menopausia han sido dejadas de lado, apartadas e, incluso, escondidas. Tal vez sea el momento de restituirles a las mujeres su espíritu femenino.
Para lograr este difícil reto, existe un grupo de mujeres que se han aliado alrededor del mundo para recuperar su papel de sabias acompañantes, las Doulas.
Las Doulas existen desde que el ser humano pasó a ser bípedo, pensante y social. Hijas, madres, algunas veces abuelas, mujeres que han pasado por las experiencias de la femineidad y brindan a otras mujeres su apoyo, su conocimiento, su respeto, su protección, su espiritualidad, su amor y su infinita paciencia.
La labor de las Doulas es ardua, pero muy enriquecedora. Acompañan a las mujeres en todo el proceso de transformación que significa pasar de ser hija a ser madre. Este cambio sutil, apoyado por una Doula, suele resultar una experiencia enriquecedora y sublime.
Durante todos los meses del embarazo y la gestación, en ocasiones incluso antes, la Doula prepara e informa a la futura madre y al futuro padre para recibir a su bebé en las mejores condiciones físicas, emocionales y espirituales posibles. Ella contribuye al bienestar de la familia y asienta las bases para que la vida uterina y la vida extrauterina del bebé, del futuro niño y del posterior adulto sean lo más sosegadas, ecuánimes y felices posibles.
A la hora del parto, la Doula no se separa de la futura madre, la acompaña en su casa desde las primeras contracciones, la apoya, la sostiene, la relaja, la masajea, la consuela, la alimenta, le sirve de regazo, la ayuda a aliviar el dolor, la comprende, la alienta, e incluso, llegado el caso, le resuelve los problemas administrativos que puedan surgir si la madre ha decidido parir en un hospital.
De hecho, es tal el beneficio del sostén de las Doulas en el parto que ya existen estudios científicos basados en datos médicos y antropológicos (la figura de la Doula se da en casi todas las culturas) que demuestran lo ventajoso que es para las parturientas contar con una.
Después, una vez nacido el bebé, el apoyo, la experiencia y el amparo de estas sabias mujeres, les resulta indispensable a las madres para afrontar con total tranquilidad la ambivalencia del puerperio. No debemos olvidar, que el puerperio es un periodo dentro de la vida de la mujer por lo general muy ambiguo en el que se unen la felicidad por tener en brazos al tan deseado bebé, con el cansancio, la falta de sueño, la reactivación de patrones infantiles y los cambios hormonales y físicos. Una vez más, la familia se encontrará con el soporte incondicional de la Doula para unir sus vínculos, superar todos los obstáculos que puedan surgir y para salir reforzada de este periodo de tanto crecimiento espiritual.
Además, estas mujeres, que ya han pasado por todas estas experiencias, le transmitirán a sus protegidas todo su conocimiento sobre Lactancia Materna, sueño del bebé, hitos evolutivos, espiritualidad materna, cuidados básicos, y crianza.
La tarea de la Doula podríamos, por lo tanto, enmarcarla dentro de una línea holística dirigida tanto a lo físico, como a lo emocional y lo espiritual. En la parte física hay que resaltar que nunca realizan ningún control médico, esas son tareas de matronas y obstetras muy alejadas de su cometido.
En parte, gracias a la generosa labor de las Doulas, estamos asistiendo paulatinamente al resurgir del respeto hacia la femineidad y sus ciclos. Estas profesionales, con gran experiencia y preparación a sus espaldas, han rescatado del olvido lo que significa el arte del acompañamiento. Ya no tenemos que enfrentarnos aisladas a las dudas del embarazo, ya no tenemos que parir solas, ya no pasaremos afligidas, asustadas o ansiosas los primeros días del bebé en casa, ya no criaremos a nuestros niños sin apoyo. Las Doulas nos acompañan y nos guían hacia la recuperación del instinto femenino, el cual, nunca debimos abandonar por el camino del progreso.
Gracias a todas estas mujeres que se dan y regalan todo su tiempo para contribuir al bien de las familias y, por ende, de la humanidad. Su labor jamás estará suficientemente pago ni recompensado.

El Regalo Que Espero

Desde que se que existes, mi mente se llena de ti eres ese amor que no me falla y me hace sonreir aún no has llegado y ya despiertas la maternidad en mi.

Me imagino cuando estés aquí, imagino tu carita, tu sonrisa… me imagino mirándote, disfrutando de ti y en mis labios se dibuja una sonrisa.

Estoy esperando un bebe. Impaciente estoy del momento en que te sienta dentro de mi, estoy segura de que será muy especial tan segura que ya vivo solo para ti esta espera a veces desespera, yo solo quiero abrazarte y abrazo mi vientre para conectarme contigo te acaricio para que sientas que estoy allí.

Mi vida se llenará de tu amor, de tu presencia y yo te hablo, te cuento lo contenta que estoy y hasta te llamo por tu nombre y sonrío porque sin saberlo, me haces muy feliz.

Mantienes mi ilusión despierta día a día y aunque esta espera a veces desespera me has enseñado a tener paciencia a quererte sin tenerte,  a soñar contigo.

Se que sabes que te amo, y cuando llegue el momento del encuentro sabrás reconocerme y me harás sentir la persona más afortunada del mundo porque eres el mejor regalo que espero.

Joha Ruiz

martes, 24 de diciembre de 2013

CUANDO COMIENZA EL TRABAJO DE PARTO?

Aún no están claras cuáles son las bases fisiológicas que desencadenan el parto, sin embargo varias investigaciones coinciden en que, tanto el niño por nacer como la madre, participarían en su desencadenamiento. Se podría decir que hay un "acuerdo", producto de una comunicación hormonal, bioquímica y mecánica. Sin embargo hay otra comunicación que no se puede negar, quizá mucho más sutil y compleja, que es  la emocional  y tiene que ver con los tiempos de cada uno.

1)  PRE-PARTO ó PRÓDROMOS :

Los pródromos, son los momentos que preceden al parto. Es un período previo al inicio de trabajo de parto franco, que los especialistas denominamos pródromos, preparto ó trabajo de parto inicial.
EN LOS PRÓDROMOS, RECIÉN COMIENZA EL PARTO, pero no se alcanza la dilatación adecuada como para diagnosticar que se está en Fase Activa del Parto. Es decir, se trata del período en que el cuello del útero comienza a centralizarse, ablandarse, expulsar su tapón y acortarse, para que comience realmente la dilatación. Puede durar pocas horas o varios días (con interrupciones frecuentes). El signo característico es el dolor acompañado o no de contracciones y pérdidas vaginales, pero la embarazada puede interactuar perfectamente con sus allegados, con el medio y está muy atenta a lo que le sucede. Podría tomarse ese tiempo de incertidumbre, para ir registrando las sensaciones corporales, ver de qué manera se pueden aliviar las molestias y comenzar el contacto con el equipo obstétrico que será el encargado de contener y habilitar los recursos que cada mujer tiene, para atravesar ese momento, que a veces suele ser angustiante y que genera muchas ansiedades.

ü  Contracciones CON dolor: Esta situación previa suele generar ansiedad, ya que; a pesar de que las contracciones son dolorosas; son  desorganizadas, algunas débiles, otras más fuertes y pueden presentarse “en salvas” es decir:  grupos de contracciones irregulares seguidas por períodos de calma, que se producen durante varias horas. En este período inicial no se produce dilatación del cuello uterino. Durante este tiempo, el cérvix (el cuello del útero) está madurando, se centraliza y reblandece para permitir luego la verdadera dilatación.

ü  Pérdidas vaginales: A veces, suele presentarse una pequeña pérdida vaginal de una sustancia gelatinosa, transparente, con o sin “estrías de sangre” o pequeñas manchas de sangre. ES EL TAPÓN MUCOSO, que se puede expulsar durante este período, si es que no comenzó unos días antes. También pueden registrarse pérdidas gelatinosas rosadas (el tapón mucoso se mezcla con secreciones propias de las glándulas del cuello del útero, y a esto le llamamos “limos”) O también puede haber una pérdida de sangre como al principio de la regla, de color amarronado. ALARMA: si las pérdidas de sangre son abundantes (mucho más que lo de una menstruación), avisar inmediatamente al equipo obstétrico y conservar la calma.

ü  Otros síntomas:  Dolor lumbar periódico, dolorcitos o “calambres” en el bajo vientre o en la zona inguinal (como una menstruación dolorosa), sensaciones parecidas a las de una indigestión, necesidad de ir al water frecuentemente. Náuseas y/o vómitos y una variedad de síntomas inespecíficos.

ü  Pérdida de líquido vaginal (ruptura de la Bolsa de las aguas): Se puede sentir una gran pérdida intempestiva de líquido o a pequeños chorros. Es imprescindible reconocer que las pérdidas de orina son también frecuentes. Cómo reconocer el líquido que se pierde ? La orina tendrá su olor y color específico, aunque a veces es difícil reconocer sus características. Lo cierto es que; el líquido Amniótico tiene un olor característico: a agua lavandina diluída o a semen. Por tanto, es necesario “oler” el líquido expulsado. Además si el líquido corresponde a la bolsa. Las pérdidas serán continuas, en mayor o menor cantidad. EL LÍQUIDO AMNIÓTICO DEBE SER TRANSPARENTE , como el agua o blanquecino como leche muy diluída. Si es verdoso (verde acuoso, o espeso como “puré de arvejas”) se debe acostar de costado, intentar relajarse al máximo, RESPIRAR PROFUNDAMENTE y LENTAMENTE y ponerse en contacto en forma inmediata con el equipo obstétrico !!!!

SI HAS ROTO LA BOLSA y el líquido es claro, no te asustes. Muchas veces, la bolsa se rompe mucho antes de que aparezcan las contracciones con dolor. No es motivo de alarma. Continúa con tu vida normal, ponéte un paño de post-parto (grueso) y continúa con tu vida normalmente, avisando a tu obstetra. Si ocurrió durante la noche, cubrí el colchón para evitar que se moje y seguí durmiendo o intentá relajarte en el silencio de la noche, observando tu cuerpo.

Muchas mujeres, el esposo, o la familia, demandan una resolución rápida de la situación y las consultas a la Institución durante este período es bastante frecuente. A la mayoría de las embarazadas en este período, suele enviárselas nuevamente a su domicilio o a caminar, para realizar una consulta en pocas horas. En otros casos; si el equipo obstétrico no es capaz de contener en forma paciente la carga emocional que acompaña este cuadro (esta ansiedad colectiva), trae aparejada el aumento de la intervención obstétrica por presiones familiares al médico y con ello, el aumento de la posibilidad de una cesárea innecesaria. El resultado es que la mujer (si se la interna tempranamente, debido a la presión familiar por ésta ansiedad), queda con la creencia de que requirió una cesárea porque “no dilataba” y esto influye negativamente en el post-parto y en su siguiente parto.

Hay que tomarse el tiempo para reconocer los fantasmas que pueden disparar  la cercanía al parto.

La comunicación fluida con la partera u obstetra, ayudan a que el preparto transcurra con menos nerviosismo.
Es importante aceptar al pre-parto, como una posibilidad de adaptación y no como algo que no termina de ser o que no debería ser.

El reconocimiento de este período, por parte de los profesionales y por parte de la mujer que va a dar a luz (y su familia), ayuda a no entrar en estados de ansiedad y angustia innecesarios, antes de que comience verdaderamente el parto.

Puedes descansar, hacer diferentes actividades que te resulten placenteras, dar pequeñas caminatas, escuchar música, pedir masajes, ducharte, sentarte a respirar tranquilamente en la pelota de parto, hacer pequeños trabajos en casa, balancearte cuando sientas dolor, mover tus caderas y la pelvis. Comer alimentos ligeros (frutas, jugos, sopa, ensaladas, caramelos, beber agua, chupar hielo, tomar un helado o alguna infusión…) SOBRE TODO, DEBES MANTENER LA CALMA. Puedes ir preparando la habitación, luces, música, almohadones, materiales para el parto. Tomar un baño tibio y relajante. CONFIÁ EN VOS MISMA Y EN TU BB. Pide la ayuda necesaria a tu compañero, para que él se encargue de las cosas que hacen falta. OLVIDÁTE DE RELOJES y/o CELULARES (no es tu tarea ponerte a contar la duración ni la frecuencia de las contracciones), dejá que fluyan y entregáte a vivir el momento que se te presenta, sin presionarte con pensamientos ni conductas estresantes, que lo único que harán será demorar el parto.

Cuando sabemos que; aproximadamente, hemos superado los pródromos y ha comenzado el Trabajo de Parto efectivamente ?? No es igual en todas las mujeres, ni en los diferentes partos de la misma mujer. Pero, en general, si pasan más de 2 o 3 horas de contracciones que; luego de ser irregulares y con largos períodos de calma -pródromos-  ahora han cambiado el ritmo y se hacen frecuentes, intensas, regulares e ininterrumpidas…. podremos decir que ya debe haber empezado el T de Parto. Cuando las contracciones son de T de Parto, NO SE FRENAN más allá de las 2 horas, sino que continúan (progresan) En esta situación, se debería llamar al equipo obstétrico. Esta tarea le corresponde al compañero de la parturienta.

2)  TRABAJO de PARTO ACTIVO:

A veces se necesitan horas (otras veces, días), para que aparezcan las contracciones más o menos rítmicas, con intensidad y dolor variables, pero ininterrumpidas, regulares y crecientes del Trabajo de Parto efectivo.

ü  Contracciones regulares, intensas y rítmicas CON DOLOR
ü  A veces, en algunas mujeres se presenta: Dolor en la región lumbar (parto “de riñones”)
ü  CAMBIO DE ACTITUD: la parturienta se retrae, se aísla durante las contracciones y cambia su conducta. Ya no puede hablar como en el período anterior, ni fijar su atención en cuestiones externas. Es común que grite, llore, jadee, se queje, insulte o que esté muy quieta y callada

Cuando ha comenzado el Trabajo de Parto, hay que ocuparse del acompañamiento de la parturienta. Apagar las luces. Calefaccionar el ambiente. Supervisar la música elegida. Disimuladamente, sin que la parturienta se sienta observada, se debería tomar la frecuencia y la duración de las contracciones. NO HABLARLE durante la contracción. Se debe contactar con ella desde el afecto y la contención. Darle masajes suaves, ayudarla a respirar, danzar con ella y ofrecerle cariño, confort y seguridad. Si ella está tranquila, se la debe respetar en su momento de calma. Si tiene dolor en la espalda, ofrecerle masajes suaves (suele aliviar mucho el presionar con la mano sobre la parte final de la espalda o el sacro) Hay que transmitirle seguridad y confianza

No hay que dejarse llevar por el miedo o  la inseguridad… ni mucho menos por las ganas de colaborar activamente. A veces, la mujer sólo necesita de una presencia querida cerca  y no tanto de lo que éste haga.

Qué está ocurriendo en ésta fase ?

Ø  Contracciones regulares, cada 2 ó 3 minutos, de 40 segundos de duración (o algo más)
Ø  Pérdida de líquido, si la bolsa no se ha roto antes.
Ø  A veces parece, por la actitud de la mujer; que todo se acelera en intensidad y frecuencia.
Ø  Puede aparecer “presión” en la vagina o en el recto, con ganas de ir de cuerpo.
      
         Qué debe hacer el compañero ?
ü  Quedarse siempre cerca de ella
ü  Tranquilizarla. Expresarle los sentimientos positivos que te inspira el momento.
ü  Darle masajes, caricias, besos, compañía, atender a sus pedidos de agua, jugos. Ayudarla a relajarse, respirar con ella.
ü  Muchas mujeres necesitan sólo el contacto visual con el compañero durante las contracciones y que se las tome de la mano. Respirar de modo que ella, de alguna manera, recuerde que tiene que hacerlo.  Recordarle que el BB está cerca y pronto lo tendrá en sus brazos.
ü  Si la parturienta comienza a angustiarse, no hay que identificarse con ella ni engancharse en esa situación. Mantener la calma para que ella pueda liberarse de sus propios miedos. Darle ternura, ánimo y todo aquello que la haga sentir que puede sentir confianza.
ü  Abrazarla, bailar con ella, ayudarla a caminar o a cambiar de posición
ü  Peinarla con los dedos, despejar su cara, ofrecerle un trapo húmedo y fresco en la cara y la frente, echarle agua de la pileta en la espalda continuamente.
ü  Relajarse con ella en los momentos de calma entre contracciones
ü  NO  interrumpirla con preguntas, mantener el ambiente calentito, vigilar la temperatura del lugar y del agua de la pileta de parto. Si está en el baño, ayudarla con la ducha y tener preparada una toalla calentita para cuando salga…. Etc.


Y… sobre todo… SILENCIO, ESTAMOS DE  PARTO !!!!

¿QUÉ ES UN NACIMIENTO RESPETADO Y UNA CRIANZA CON APEGO?

Embarazo
¿Cuál es la mejor preparación para el parto? La que se de en un lugar donde la mujer se sienta segura y respetada. En la que sienta placer por su cuerpo, en la que no subestimen ni a ella ni a su bebe. En la que no le enseñe a parir. En la que pueda juntarse con otras mujeres madres. En la que se le informen sus derechos, las leyes que la amparan y las opciones que ella pueda elegir. Y sobre todo donde pueda expresar y desterrar sus temores.

Parto
¿Qué es humanizar el nacimiento? ¿Qué es volver al proceso fisiológico? Vivimos bajo un paradigma médico determinado, tenemos incorporada la idea de que, cuánta más tecnología y especialización médica mayor conocimiento y accionar. Esto muchas veces no es así. Por ejemplo en obstetricia y neonatología, los médicos, educados en este sistema y muchas veces con la mejor buena voluntad, trabajan con una serie de rutinas innecesarias y a veces peligrosas en torno al nacimiento. Realmente no se manejan por evidencia científica (ver estudios científicos de la OMS), sino por usos y costumbres, por que se los enseñaron así, porque no tuvieron oportunidad de ver partos fisiológicos, no intervenidos, porque no conocen la fisiología real. La mayoría de las veces la patología es generada por el mismo sistema médico que interviene por demás. Es por eso que a continuación voy a contar cómo suele ser un parto en una institución y por qué queremos cambiar eso. La mujer que va a parir tiene por Ley Nacional (25929) derechos que no se respetan, como estar acompañada en todo momento por alguien que ella elija, como elegir la posición para parir, como estar informada de todo lo que se le hace y decidir sobre su cuerpo, etc. El enema y el rasurado son prácticas que, por suerte, ya no tienen tanta vigencia, pero hay sitios en los que se sigue haciendo sin ningún asidero científico y con efectos contraproducentes.

Rutinas y Fisiología
La imposibilidad de beber y comer es una rutina de las instituciones que argumentan tener que estar en ayunas para una posible cesárea o anestesia general. Sin embargo esto es muy poco común y si pasara es una situación generalmente producida por el mismo accionar médico. No comer ni beber, significa perder energía para afrontar el momento del parto, la madre puede cansarse con mayor facilidad, y el bebé también, cosa muy contraproducente. El suero hidrata pero no repone energías y genera que la madre tenga que estar quieta por estar conectada a una vía intravenosa. Estar quieta, y peor acostada, durante el trabajo de parto es una aberración para las mujeres, que necesitan encontrar las posturas más cómodas y así ayudar al bebé a bajar sin inconvenientes. Estar acostada hace presión sobre la vena cava y baja el flujo de sangre al bebé, por lo que también desciende el ritmo de los latidos; y generalmente es un parto que termina en cesárea por no haberse cambiado de posición a la madre. Otra práctica que mantiene a la madre inmóvil es estar conectada a un monitoreo electrónico que evalúa la frecuencia cardiaca del bebé. Sin embargo esta comprobado que este monitoreo es muchas veces malinterpretado y lleva a cesáreas innecesarias porque se asumen como peligrosas bajadas de latidos que son normales y fisiológicas durante el parto. Además la madre, al escuchar los latidos a través de dicho monitoreo, padece una situación de stress que inhibe la producción de oxitocina, que es la encargada de llevar adelante la dilatación, por lo tanto el parto.
Hablando del stress, toda situación que eleve las adrenalinas de la madre puede detener un parto, o entorpecerlo. El frío, la luz, las personas alrededor, el miedo, la necesidad de responder, de hablar, de usar la parte lógica y racional de nuestro cerebro puede inhibir un parto. Generalmente una institución tiene todos estos estímulos contraproducentes. Hoy en día, en la clínica, no se respetan los tiempos de cada mujer para parir. Lo que se hace es inducir el parto con oxitocina sintética, que es la hormona que la mujer produce pero se la dan vía endovenosa en mayor cantidad. Las contracciones provocadas por la oxitocina no son las mismas que produce el propio cuerpo, si no que son más intensas y dolorosas, y muchas veces terminan generando sufrimiento fetal a los bebés, y por ende cesáreas. Muchos argumentan que gracias a la oxitocina se puede parir más rápido y ayudar a la mujer, como si ésta fuera una máquina que anda mal. Sin embargo no hay mujeres que no dilaten, si la mujer no dilata es porque algo la esta molestando o porque simplemente no llego el momento, el bebé no está listo y hay que esperar. Casi ningún médico deja que la gestación llegue por sí misma a las 42 semanas, sin embargo hasta esta semana cumplida, los nacimientos son normales, y sanos. Y muchas se hacen cesáreas o inducciones con bebes de supuestas 41 semanas que terminan teniendo una edad gestacional menor y por ende problemas para respirar, succionar o adaptarse. Si la dilatación se estanca durante el trabajo de parto, lo primero que hay que intentar, antes de la oxitocina, es procurar que la mujer este en un ambiente tranquilo, íntimo, con poca luz, movilizándose a su manera, expresándose como quiera. Por su puesto, están contraindicados los tactos cada hora, por varias personas, esto puede traer mayor incidencia de infecciones y en definitiva lo único que se consigue es tratar de controlar una situación que nadie debería controlar en tiempo más que la naturaleza. La bolsa tampoco debe ser rota como de hecho se hace, muchas veces, para acelerar el trabajo de parto. La bolsa protege al bebe contra bacterias ajenas y hace el parto más fácil para mamá y bebé porque es una bolsa que amortigua los movimiento de la cabeza del bebé directamente sobre la pelvis de la mamá. Cuando la bolsa se rompe sola, antes de empezar el trabajo de parto, no hay porqué inducir dicho parto con oxitocina, si el bebé esta encajado, no hay porque evitar que esa mamá siga haciendo su vida hasta que el trabajo empiece por sí mismo, por su puesto siempre controlando la posible incidencia de una infección. Parir en posición acostada es sólo en beneficio de la comodidad del medico. Puede ser peligroso para el bebe. Parir en posición semi-acostada predice desgarros y dificulta la salida y rotación del bebe. La mujer tiene que parir en la posición que le resulte más cómoda, que seguramente será la más saludable para su periné y su bebé, y el medico debe adaptarse a ésta. La episiotomía no previene desgarros graves, sino más bien los agrava. Incluso la OMS desaconseja la utilización rutinaria de la episiotomía. Si se produce algún desgarro pequeño siempre será menor que el corte de la totalidad de tejidos de episiotomía. Estos cortes innecesarios generan muchos problemas post-parto y reduce el pleno cuidado y contacto de la madre con el recién nacido. Cóctel de hormonas Como todos los mamíferos, el parto sucede por mecanismos hormonales. La oxitocina, que el la típica hormona del amor, se segrega durante los actos íntimos (sexo, parto, lactancia). La oxitocina deja de segregarse cuando aparece la adrenalina. Si sabemos que para que un parto se produzca necesitamos de las contracciones eficaces (la oxitocina natural) tenemos que evitar toda producción de adrenalina. La adrenalina se produce cuando sentimos miedo, peligro, ansiedad, cuando tenemos frío, cuando hay mucha luz y cuando nos sentimos observados ¿no es eso lo que pasa la mayoría de las veces en los partos? ¿Cómo pretender entonces que sean partos rápidos, fáciles y sin complicaciones? ¿Cómo pretender que el proceso no se detenga ante el miedo, una aguja, o la estimulación del neocórtex? Los mecanismos que se activan en el parto están a cargo de la parte antigua del cerebro, la que compartimos con los otros mamíferos. El neocórtex, que es nuestra parte del cerebro que se ocupa de la razón y el lenguaje tiene que entrar en estado de reposo para poder parir. Es por eso que le figura de la Doula es tan importante, porque tiene que existir una figura amorosa, que de seguridad y que se encargue del entorno, de no estimular a la mujer desde el razonamiento. Mas bien intentando que segregue oxitocina y endorfinas (las hormonas del placer que reducen -de verdad, mucho- el dolor, también enemigas de la adrenalina y para lo que se tienen que tener las mismas consideraciones antes señaladas.

Cesáreas
No estamos en contra de las cesáreas justificadas que son una gran cirugía de salvataje, sin embargo, en los países del tercer mundo, a uno de los cuales pertenecemos, el porcentaje de cesárea es mucho mayor del que debería ser. Nacer por cesárea implica no haber recibido la orden hormonal, la oleada de oxitocina, endorfinas y adrenalina que significa pasar por el canal vaginal. No es lo mismo para el bebé enfrentar ese proceso fundante en la vida, que ser arrancado sin previo aviso del útero. Las cesáreas tienen mayor incidencia en problemas respiratorios, y por consecuencia internación separada de la madre. Tampoco hay que olvidar que es una cirugía mayor con todos los riesgos que esto implica. Las hormonas que liberan, tanto la mamá como el bebé en un parto facilitan luego el apego entre ellos. La oxitocina es la hormona que produce la leche materna y que genera una necesidad de protección y contacto físico con el bebé. Después de una cesárea en el 99,5% de los casos se puede intentar un parto por vía vaginal. Hoy, donde cada vez nacemos más por cesárea, se supone que si esta tendencia sigue aumentado, tal vez en el futuro dejemos de producir todas estas hormonas maravillosas, porque en algún lugar de la memoria de la especie quede registrado que ya no se utiliza. Esto no es bueno, porque se estudiaron la relación entre la no liberación oxitocina (sexo-parto-lactancia-contacto mamá bebé temprano y continuo) con la violencia, el suicidio, la falta de conciencia social, la bulimia y la anorexia, los ataques de ansiedad, la depresión, etc. Existe, entonces, una relación entre la producción de oxitocina y la capacidad de amar. Cuando la cesárea es inevitable, por ejemplo ante el sufrimiento fetal, el bebé la vivencia como un rescate no como un arrancamiento de su espacio placentero. Además hay una gran diferencia entre la cesárea respetada y una no respetada. Aún tendiendo cesárea podemos procurar que ningún bebe se separe de su mama luego de su nacimiento, que haya un ambiente amoroso y acompañado.

Recién Nacido
Si el tiempo del trabajo de parto es respetado sin inducción y en un ambiente de intimidad, las contracciones no son tan dolorosas. La aplicación de la anestesia peridural es el comienzo de una cadena de medicalización, ya que inhibe las contracciones, necesita de una vía endovenosa preventiva, sólo por tratarse de una anestesia, y conlleva a la aplicación de oxitocina, siguiendo así la cadena. Cuando el bebé nace hace un maravilloso proceso fisiológico para poder respirar. En ese momento lo único que necesita es el contacto con la piel de su mamá que tiene el ritmo cardíaco que conoce, el olor que conoce, la voz que conoce y el pezón que necesita para calmarse y alimentarse. La separación mamá-bebé trae trastornos en la lactancia, en el apego y sensaciones muy displacenteras para el bebé. Para recibir un hijo debemos procurar que la sala esté prácticamente a oscuras y muy calentita. Todas las rutinas que se le hacen al bebé pueden esperar. Pesarlo, medirlo, bañarlo, puede esperar. Esto no pasa en la mayoría de las instituciones. Generalmente se les pasa una sonda por la nariz y la boca hasta el esófago para ver si hay alguna obstrucción, esto es muy invasivo, en cambio, puede dársele de beber agua destilada y escuchar con un estetoscopio si llega al estómago (o diagnosticarlo previamente por ecografía). Lo mismo pasa con la sonda que se aplica en el ano, sólo hay que esperar a ver si el bebé hace caca. La vitamina K que se aplica inyectable, puede darse por boca. La hepatitis B es una enfermedad que sólo se transmite por vía sexual o transfusión de sangre, si se comprueba que la embarazada no tiene el virus no hay por qué molestar al recién nacido con esta vacuna. El corte de cordón debe hacerse cuando éste deja de latir, es decir cuando ya no oxigena al bebé. Cuando se hace antes, o a penas nace, el bebé se pierde de seguir respirando por el cordón cuando está haciendo el gran esfuerzo de adaptarse al mundo aéreo, además ese corte tardío de cordón le permite obtener hierro, importante para los siguientes seis meses de vida. Todas las revisaciones que el neonatólogo hace, pueden hacerse sobre el pecho de la madre. ¿Por qué insistir tanto con esto? Porque estudios demuestran que el bebé cuando nace tiene un periodo sensitivo en el que está dispuesto al contacto pleno con su madre. Él en la panza no tiene frío, ni hambre, la falta de gravedad le permite moverse a gusto y fácilmente, está contenido. Afuera, y por los tres meses (o más) que le siguen, necesitará reproducir la vida intrauterina. Esto se logra escuchando el corazón de la madre, sintiendo su olor, siendo alzado, acunado, alimentado con leche materna. Las primeras bacterias que lo colonicen, que sean las de las manos de su madre, para las cuales ya recibió anticuerpos y los seguirá recibiendo por medio del calostro. La hora siguiente al parto, el bebé y la mamá liberan un cóctel de hormonas necesarias para la supervivencia de ambos. Si a un mamífero le quitásemos la cría al nacer y se la devolviésemos a las dos horas, no la reconocería como propia. Nosotros, por razonamiento, podemos entender que es nuestro hijo el que está llegando, pero el instinto maternal, si hay una separación, hay que construirlo de cero, y a veces enfrentar reacciones de rechazo que generan culpa en la mamá. Nada es irreparable, pero es bueno saber que incluso las primeras horas dejan huellas a largo plazo. El método mamá-canguro, que se implementó por primera vez en Colombia por falta de incubadoras, consiste en poner al bebé prematuro que respira bien pero que no regula bien temperatura, sobre el pecho de su madre las 24 hs piel con piel permitiéndole succionar el pecho cuando desee. Estos niños se recuperan mucho más rápido y no tienen necesidad de pasar por la soledad y la falta de su madre que significa estar en neonatología. La Haptonomía (ciencia de la afectividad) ha descubierto que el parto se graba para siempre. Un bebé que nace y es separado de su madre no sólo se siente abandonado, sino que sufre por lo que pueda estar viviendo su mamá. Luego, si al niño no se le habla y no se le cuenta la historia de su parto, puede que repita estas sensaciones (abandono, asfixia, peligro, según como fue el parto) en otras circunstancias de la vida. Lo que ocurre dentro del útero también es parte de la historia fundante de una persona. Los primeros nueve meses de vida son como un espejo de la vida intrauterina, y le van recordando a al bebé las emociones transitadas durante ésta. Es por eso que hay trabajar con el diálogo (tanto desde el leguaje como desde la corporalidad) de la mamá con el bebé, desde la concepción. Porque si bien muchos dolores y angustias no se pueden evitar, sí pueden sanarse desde el esclarecimiento de la historia, desde el contacto físico y desde el lenguaje.

Lactancia
La lactancia materna no sólo es el mejor alimento para el bebé y el que ideó la naturaleza para los seres humanos, sino que activa una serie de hormonas que establecen el apego entre la mamá y el bebé. El bebé recién nacido sano no debería ingerir más que la leche materna ya que una mamadera o un chupete confunden la succión y hacen que no mame correctamente por lo tanto no se produce la leche necesaria. No hay mujeres que no tengan leche o que se queden sin ella. La cantidad de leche es directamente proporcional a lo que el bebé succiona. La teta no sólo es el mejor alimento, sino la mejor caricia, el mejor contacto sensorial con la madre, la mejor forma de calmarse, de dormirse, de recibir amor, de calmar la sed, de sentirse seguro.

Puerperio
El puerperio no dura seis semanas, sino dos años aproximadamente. En ese tiempo el bebé necesita estar fisionado con su mamá. La madre entregada a este proceso vive un profundo despertar de conciencia porque se enfrenta con su propia sombra, el niño que fue, todas las heridas no sanadas. Algunas mamás pueden creer volverse locas, por este estado tan magnifico que ideó la naturaleza para que sobrevivan los bebés. La madre deja de tener tiempos, horarios, y se entrega a maternar a su hijo conectándose con el interior y desconectándose con el exterior, con lo racional, con la vida anterior. La mamá también es una niña que necesita ser maternada por otro adulto que la proteja, no que le cuide al bebé, sino que la cuide a ella. No es posible estar en apego emocional con un niño si la madre se encuentra sola, atemorizada, descuidada o poco sostenida.

Crianza
Los bebés no se malcrían, necesitan recrear el ambiente intrauterino, estando cerca de sus padres siendo acunado y tenido a upa la mayor parte del tiempo. Con respecto a su desarrollo motriz es bueno destacar que loe bebés no necesitan ayuda para aprender a moverse, sentarse, caminar…si logran esto por ellos solos, sin ayuda extra, sin ponerlos en posiciones que aún no adoptan por sí mismos, luego tendrán un manejo mucho mejor de su corporalidad durante todo su vida.

Respetemos sus tiempos
Parir y nacer son cosas que no se enseñan y no se aprender. Son experiencias intransferibles. A dormir no se enseña, tampoco a caminar, dejar los pañales, destetarse o a comer. La evolución misma es la que se encarga de eso. Permitámonos dejarnos llevar por la fisiología de nuestros bebés, por lo que ellos realmente necesitan. Confiemos en ellos. Y hagámosle así, el mejor regalo para su vida. Un niño que en los primeros años o meses es amamantado, sostenido en brazos (incluso en la noche), satisfecho en sus necesidades, sin que se le hayan inculcado reglas para dormir, para comer, para expresarse (como dejarlo llorar o considerar que si no tiene hambre hay que sacarlo de la teta, la que sirve de consuelo amor y placer además de alimento), será después un niño seguro, independiente que sabe que sus padres están ante cualquier necesidad, y crecerá con mayor libertad y autosuficiencia.

CONVERTIRSE EN MADRE

Hay algo de salto al vacío en el hecho de convertirse en madre. Porque realmente no sabemos qué pasará al día siguiente del parto. Quién será nuestro hijo o nuestra hija… pero fundamentalmente, desconocemos en quién nos convertiremos nosotras.
Si hay un aspecto en el que coinciden muchísimas mujeres a la hora de recordar el posparto es ese sentimiento de no reconocerse a ellas mismas, de no encontrar en el espejo a aquélla que fueron. Y no se trata tan sólo de un desencuentro físico, de que estemos más o menos gordas de lo que esperábamos, de que los pechos nos duelan, de que los entuertos y loquios no acaben cuando creíamos, de que el pelo se nos caiga a mechones, de que el cansancio nos desmorone hasta límites insospechados días antes y de que los brazos no se acostumbren a mantener constantemente el peso de nuestro bebé.
No… es mucho más que eso. Es el encontrarse con una mujer a la que desconocemos totalmente. Que piensa cuestiones y en cuestiones en las que nunca había pensado antes, que se contradice a sí misma cada cuarto de hora, que aunque quiere dormir no deja de velar el sueño de ese pequeño ser que acaba de romper en dos sus creencias, que tiene miedo y vértigo y alegría e inseguridad y se siente fuerte y poderosa a la vez que débil y diminuta… una auténtica montaña rusa en la cual las hormonas tienen mucho que ver, pero también una incalculada brecha que se ha abierto en nuestra vida gracias a la aparición de ese pequeño que nos ha arrebatado la cordura.
Entrevemos la mujer sin límites que podríamos llegar a ser
Una brecha a través de la cual entrevemos las posibilidades reales del amor, del deseo, de la entrega… la mujer sin límites que podríamos llegar a ser, la verdadera YO que se esconde tras cientos de convenciones sociales, tras velos y velos de “cordura”, tras la obediencia aprendida y el “saber estar” pretendido.
Y lo que se ve nos encanta, pero a la vez nos asusta… como las atracciones de feria, a las que la mayoría de las veces, pasada una cierta edad, dejamos de subir, porque el miedo puede más que el maravilloso agujero en el estómago a la hora de dar una vuelta cabeza abajo en una máquina infernal. Así, miramos hacia otro lado mientras esperamos que la brecha se cierre, mientras esperamos que alguien nos ayude a cerrarla o simplemente la cierre a base de dosis de realidad.
Ahora bien… ¿qué es lo que sucede realmente? ¿qué nos pasa a las mujeres durante el posparto?
Por un lado, hay un poco de química y cambios hormonales que nos vinculan (o desvinculan) de una manera diferente a las demás personas, a nuestro nuevo hijo, a nosotras mismas y al mundo en general. Pero estos “estados alterados de la biología” adquieren unas connotaciones muy diferentes en función del tamiz cultural al que nos vemos sometidas.
Por otro lado, en el posparto, precisamente gracias a ese puñado de hormonas en el que nos convertimos, se producen aperturas de conciencia, reconocimientos de verdades que quizás ni íntimamente habíamos percibido, surge nuestra vida toda ante nuestros ojos, y también las posibilidades que tenemos. Es la brecha de la que hablaba y de la que nadie habla… ni antes, ni durante, ni después del embarazo, centrados como estamos en ver sólo lo visible, lo tangible, lo conocido… volcados como vivimos en los resultados (el embarazo perfecto, el niño guapo y entero), y en la vuelta a la supuesta normalidad que nos envuelve (nuestra figura de siempre, nuestra rutina diaria, nuestro éxito laboral, nuestra vida triunfante).
Y por último, pese a todas esas posibilidades tanto físicas como psicológicas y emocionales que se abren ante nosotras, existe un mundo que nos condiciona, que nos ata, nos juzga y nos sojuzga de una manera tan omnipresente y omnipotente que somos casi incapaces de verlo, tan libres y perspicaces como nos creemos.
Sin embargo, pese a ello, pese a las dificultades, más allá de los condicionantes, de los juicios y prejuicios, a pesar de nosotras mismas y nuestra historia, existen posibilidades de maniobra, pequeños gestos que día a día pueden hacernos más libres, mejores personas y, fundamentalmente, madres más conscientes.
Desarrollemos un poco cada idea.
 1 . La impronta, las hormonas, el vínculo.
Durante el parto, durante el nacimiento de un bebé y en las primeras horas posteriores, se producen ciertos fenómenos hormonales de una intensidad incomparable a la de cualquier otro momento de la vida humana. Cuanto menos intervenido sea el parto, cuanta menos medicalización del proceso, más cantidad de hormonas (fundamentalmente oxitocina) tendremos tanto en la madre como en el bebé. Y esas hormonas son necesarias para que tanto el parto como el nacimiento culminen con éxito. Se hacen necesarias para el alumbramiento espontáneo de la placenta, para la contracción natural del útero, para la subida del calostro y, más adelante, de la leche materna, para que el bebé encuentre por sí sólo el pecho y la manera correcta de succionar… pero fundamentalmente, se hacen necesarias para producir un fenómeno mucho más importante para la vida de madre e hijo: la impronta.
La impronta es un proceso que sabemos reconocer muy bien en otros mamíferos; es la responsable de que mamá y bebé se reconozcan aún en medio de enormes manadas de individuos, y al contrario… cuando a un mamífero se le saca su cría y no se le da hasta horas después puede llegar a rechazarla, a no reconocerla como suya. Es una especie de sello no visible pero infalible. En los humanos, es la responsable de que el bebé llore cuando se aleja de su madre, de que a la madre algo se le remueva cuando no escucha a su bebé, o cuando lo escucha llorar, o de que las madres lactantes segreguen leche cuando el bebé llora… Según el Dr. Michel Odent, la primera hora de vida es el momento crítico en el que se produce esa “impronta hormonal”, que va a favorecer un proceso aún más importante: el vínculo afectivo entre madre e hijo.
Incluso en los casos en que el parto haya sido intervenido y la segregación hormonal no haya sido tan potente, se dan cambios que afectan directamente a la relación que mantendremos de ahora en adelante con el bebé. De hecho, la lactancia también profundiza y favorece ese vínculo.
“Así la madre que da de mamar está en un equilibrio hormonal particular. Está bajo los efectos de una hormona indispensable para que se produzca la secreción de leche por el seno. Se trata de la prolactina. Pero esta hormona tiene otros muchos efectos además de ser responsable de la puesta en marcha de la glándula mamaria. Es la hormona que empuja al animal a construir su nido. Es también la que desencadena los comportamientos agresivos característicos de las hembras que amamantan. Algunos de sus efectos en los comportamientos humanos han sido establecidos por el estudio de los síntomas de los tumores secretores de prolactina en la mujer y en el hombre. En primer lugar la prolactina reduce la libido, el interés sexual. Posteriormente tiende a engendrar estados de subordinación, de sumisión y también un cierto grado de ansiedad. Estos efectos de la prolactina en la conducta de la hembra son fácilmente interpretados como ventajas para la supervivencia de la especie. Cuando una mujer comienza la lactancia todos los efectos de la “hormona del amor” tienden a dirigirse al bebé. El bebé se convierte en objeto de amor. La subordinación permite una disponibilidad máxima frente a las exigencias del bebé. En lo referente a la ansiedad se traduce por una capacidad de vigilancia acrecentada durante el período de lactancia y una tendencia a no experimentar las fases de sueño profundo.” Michel Odent, El bebé es un mamífero.
Ante este estado bioquímico, es lógico entender muchos de los desconciertos que atacan a una madre recién parida o a cualquiera que conviva con ella e intente seguir un orden o rutina preestablecidos con antelación a la llegada del bebé. Cualquier parecido con la persona que la madre fue antes de dar a luz será mera coincidencia, y ella estará tan sorprendida por sus hallazgos, por sus nuevas decisiones, por sus nuevos sentimientos, por sus reacciones imprevisibles, como cualquiera que la observe desde la barrera sin intentar comprender.
Nuestra cultura no está preparada para aceptar a las madres
El problema que nos encontramos ante todo esto es que nuestra cultura no está preparada para aceptar a las madres (ni para dejar que ellas se acepten a sí mismas) con este estado hormonal. Porque aceptarlo sería aceptar que las mujeres, durante este período y en ese estado, vivirían por y para la criatura. No se encargarían de otra cosa porque su propio cuerpo boicotearía cualquier otra iniciativa. Amamantarían día y noche sin mirar el reloj ni el calendario, cargarían al bebé sin complejos porque así lo pediría él y porque así responderían ellas. No volverían a trabajar a los cuatro meses aún por cumplir del bebé, ni a los cinco, ni a los seis… ni sabe dios cuándo; por lo tanto, no producirían en su trabajo ni demandarían creación de empleo en el sector de la educación infantil.
La conciliación familiar perdería sentido… Por eso nos empeñamos en que todo vuelva a la normalidad… entendiendo por normalidad lo que había antes del parto… y si puede ser antes del embarazo, mejor. Nos empeñamos en que la madre separe de sí al bebé, amamante a períodos organizados, vuelva a la rutina, se comporte como se comportaba antes… para que todo siga girando, para que nada se tambalee, para que no tengamos que plantearnos el sentido de todo lo que hacemos… que la biología funcione de una determinada manera no tiene, para nosotros los occidentales, ninguna razón de ser.
Y así, doblegamos a las madres, nos doblegamos, y nos convertimos en mujeres que desean algo que no pueden tener, porque ni nosotras mismas nos lo permitimos. Sacudimos la cabeza, miramos hacia otro lado y seguimos con nuestra vida intentando no ser demasiado conscientes de lo que sentimos, de lo que la biología y la química nos demandan… y así, vamos perdiendo la posibilidad de reforzar el vínculo con nuestros hijos, vamos perdiendo credibilidad ante nuestros propios ojos… volvemos al redil.
2 . La herida abierta.
Todas las mamás, con un mínimo de sostén emocional, son capaces de amamantar, de acunar, de higienizar a un bebé, de proporcionar los cuidados físicos necesarios para su supervivencia. (…) La dificultad se presenta cuando se impone reconocer en el cuerpo físico del bebé, la aparición del alma de la mamá, en toda su dimensión. Reconocernos frágiles, como “mamásbebés”. Cuidarnos como tales. Respetarnos con estas nuevas cualidades. Tenernos paciencia en este tiempo tan especial y no exigirnos un rendimiento igual al acostumbrado. Abrirnos a la sensibilidad que se nos agudiza y a la percepción de las sensaciones que son vividas con un corazón inmenso y un cuerpo que sentimos pequeño porque somos bebé y persona adulta simultáneamente.
Es como tener el corazón abierto, con sus miserias, sus alegrías, sus inseguridades, con todas las situaciones pendientes para resolver, con lo que nos falta comprender. Es una carta de presentación frágil: esto es lo que soy el fondo de mi alma, soy este bebé que llora.
Podríamos considerarla una ventaja exclusiva de las mujeres: la posibilidad de desdoblar nuestro cuerpo físico y espiritual, permitiendo que aparezcan total claridad las dificultades o los dolores personales.
El bebé siente como propios todos los sentimientos de la mamá, sobre todo aquellos de los que no tenemos conciencia. La mayoría de las mujeres no aprovecha esta ventaja de tener el alma expuesta; es riesgoso encontrarse con la propia verdad. Sin embargo, es un camino que indefectiblemente vamos a recorrer, aunque la decisión de hacerlo con mayor o menor conciencia es personal.” Laura Gutman, La maternidad y el encuentro con la propia sombra.
Cuando un bebé nace, nacemos nosotras con él. Renacemos
Cuando un bebé nace, nacemos nosotras con él. Renacemos. Nos volvemos a ver, en muchas ocasiones, pequeñitas y desamparadas. Primero porque, actualmente, las mujeres hemos perdido las referencias y la experiencia previa sobre bebés, no sabemos nada de ellos, de cómo son, de cómo se cuidan, se lavan o se acunan, pero tampoco de cómo sienten, de cómo lloran, de cómo acarician, de cómo llenan el espacio y, a la vez, lo vacían de lo superfluo. Por lo tanto, nos sentimos aprendices en nuestra propia vida, pero sin tiempo ni posibilidad para el ensayo, para equivocarnos. Al haber perdido el contacto con otras mujeres paridas y con sus bebés, hemos perdido los conocimientos sociales y culturales que, con respecto a la maternidad, manejaban con soltura nuestras abuelas y bisabuelas.
Pero, además, porque ser madre, convertirse en madre, encontrarse puérpera, nos supone reencontrarnos con el bebé que fuimos, con lo mucho o poco que nos desearon, nos acunaron, nos besaron, nos cantaron, nos acariciaron. Supone traer a colación nuestros peores y mejores recuerdos de infancia, enfrentarnos con lo mucho que nos parecemos a lo bueno y lo malo de nuestras madres, supone ver en quiénes nos hemos convertido en ese espejo en el que aparece una mujer que se parece a nosotras pero que ya no es.
Muchas mujeres relatan que cuando tienen un bebé aparecen, nadie sabe de dónde, canciones infantiles y nanas que no habían oído desde que hace veinte, treinta o cuarenta años empezaron a dormir solas… otras relatan largos y detallados cuentos que meses antes no podían recordar ni siquiera con esfuerzo. Junto con esos cuentos y canciones regresan a menudo la voz que los contaba o cantaba y las circunstancias que los rodeaban.
También, en ocasiones, regresa el vacío de no haber sido cantada ni contada. Emocionalmente, en este momento, las mujeres abrimos una especie de bucle temporal que, además de lo bueno, nos trae también lo malo, lo regular y lo terrible. Nos devuelve nuestra propia infancia. Puede que no seamos conscientes de ello, pero ocurre. Y todo lo que nos llega nos tocará como por arte de magia y nos hará estar en una disposición completamente nueva para asumir la maternidad, pero también para asumir nuestra propia vida, para asumirnos como somos, como fuimos, para querernos a pesar de que nos hayan querido o no y, así, empezar con nuestro bebé una relación nueva, que no lleve a rastras las carencias o excesos de nuestras propias relaciones como hijas…
A las mujeres se nos urge para que volvamos a ser como antes
Pero otra vez, a las mujeres se nos urge para que volvamos a ser como antes, para que no nos detengamos en búsquedas ni en profundidad, para que dejemos estar lo dormido durmiendo y nos dediquemos a dormir lo que despierta. El mundo no nos concede el tiempo que necesitamos para asumir estos procesos, ni siquiera nos concede la posibilidad de hacerlo en nuestros ratos libres… nos ocupa con visitas, paseos, gimnasios… nada que nos deje solas y capaces de abrir la brecha, de bucear en ella, de ahondar en el dolor que produce para sanarlo. Otra vez, nos distraen de lo importante y nos dejamos liar.
3 . La libertad con cuerdas.
Hace bastantes años que las mujeres occidentales hemos dejado atrás la esclavitud de la vida de amas de casa, cuidadoras de marido e hijos, limpiadoras a tiempo completo, celadoras del orden y la pulcritud de nuestro hogar y prole. Ahora estudiamos una o dos carreras, varios posgrados, másters y especializaciones y, con suerte, accedemos a un puesto laboral semi-acorde a nuestras expectativas, que nos lleva casi todo el tiempo de que disponemos y nos da una cierta libertad económica (esta libertad va a depender del puesto real que desempeñemos laboralmente y también del nivel de vida y estatus en el que pretendamos movernos).
Lo que ocurre habitualmente es que vamos relegando otros aspectos más íntimos de nuestra vida en aras del desarrollo de esa parte académico-laboral. Y cuando nos damos cuenta, suele ocurrir que estamos inmersas en un ritmo de vida del que no podemos zafarnos. En el momento en que alcanzamos el puesto o estatus por el que luchamos es cuando, en principio, podemos bajar el ritmo para dedicarnos a otros menesteres entre los cuales entran los planes para convertirnos en madres. Pero entonces es cuando nos damos cuenta de que todo el mundo que hemos construido se sostiene sólo si seguimos con el mismo ritmo, con las mismas exigencias, con la misma dedicación a nuestra vida profesional.
El problema, claro está, no radica en ese ritmo, ni en el hecho de vivir una vida profesional más o menos masculinizada, ni siquiera en el hecho de que dudemos si bajar el ritmo es bueno o malo, de que temamos las consecuencias, de que “el tren se nos vaya”. El problema es que consideremos, como sociedad, que sólo saliendo de casa y triunfando profesionalmente, nos estamos realizando. Cualquier mujer que se atreve simplemente a cuestionar esta verdad y piense, aunque sea por instante, en tener hijos y hacer un paréntesis o un cambio de ritmo laboral es acallada por múltiples críticas, advertencias y admoniciones de todo tipo: te quedarás sin tu puesto, te echarán del trabajo, ya no podrás optar al ascenso, no contarán contigo… en ocasiones, estas advertencias no pasan de ahí, pero en otras se convierten en realidad.
Hace falta una conciencia social sobre lo que realmente nos aporta criar a nuestros hijos
Evidentemente, esto es algo que no se puede permitir, es un aspecto de la realidad laboral de este país y de otros muchos que hay que solventar. Pero opino tajantemente que la solución a este problema no pasa por que releguemos la maternidad, el cuidado y la crianza de nuestros hijos al último lugar en nuestra lista de prioridades. La solución no está en no tener hijos hasta que logremos el puesto más alto en la empresa y luego volver a trabajar en menos de 4 meses para que nadie note nuestra falta… la solución es otra, y parte, en primer lugar, de una conciencia social sobre lo que realmente nos aporta criar a nuestros hijos, no como personas, que también, sino como sociedad, como civilización… verdaderas políticas de conciliación basadas en el respeto por la familia y no en el respeto por el empresario.
"Las apariencias a menudo engañan, sobre todo si esa apariencia está preparada y es una estrategia del Poder. Con la revolución científico-técnica y, como dice Agustín García Calvo, los medios de formación de masas, se ha conseguido una casi total deshumanización y robotización de la función materna, que supuestamente 'libera' a la mujer de la degradada y socialmente degradante tarea de la maternidad. Las mujeres hemos caído en la trampa. Al haber logrado convertir la maternidad en una opción o, gracias a las leches artificiales y al plástico, en una gestación compatible con una carrera profesional definida según el arquetipo masculino, nos hemos creído que, por fin, habíamos accedido a la igualdad con los hombres.
Pero el haber logrado que la maternidad sea una opción no zanja la cuestión, y la robotización de la función materna refuerza aún más el discurso y las raíces de la sociedad patriarcal. Porque, si sólo renunciando a la maternidad o deshumanizando su función podemos dejar de ser inferiores, estamos asumiendo que la maternidad es algo efectivamente degradante y que nos inferioriza, que nos rebaja, que nos hace ser como vacas o animales reproductores.” Casilda Rodrigáñez Bustos. Mujer, maternidad y socialización.
Lo que ocurre, como ya he dicho, es que, verdaderamente, la maternidad no es una opción tan válida como otras. Es la opción con la que se quedan quienes no tienen opciones. La hermana pobre de las opciones que a las mujeres nos da la vida. Incluso la mayor parte de las mujeres que en un primer momento optan por dejar su trabajo para dedicarse al cuidado de los hijos, lo hacen pensando que es una decisión temporal, y que cuanto menos tiempo pase, mejor, así costará menos volver al “mercado laboral”.
Ocurre otra vez, por mucho que nuestro bebé nos haya emocionado y enamorado, por mucho que hayamos descubierto nuestras fortalezas y debilidades, por mucho que deseemos quedarnos a cuidar y criar a nuestros hijos, la sociedad patriarcal, monetarizada y jerarquizada en la que vivimos, decide por nosotras y nuestras familias dónde está nuestro lugar en el mundo, y por supuesto, y mucho más grave, dónde está el lugar de nuestros hijos… en la guardería, lejos de casa, lejos de la madre, de manera que los deseos e instintos de ambos se vayan apagando a base de distancia física y temporal, a base de la aparición de tareas y personas que interfieren en el apego y la necesidad vital de madre e hijo de permanecer juntos. Nada se descoloca, la rueda sigue girando, el mundo sigue produciendo y nosotras con él, y nuestros hijos, desde sus primeros meses de vida, crean puestos de trabajo. 
4. La alternativa.
La maternidad queda habitualmente reducida al ámbito hogareño y familiar, sin suscitar interés si no es en sus vertientes más físicas como el parto, la lactancia o las depresiones puerperales. Sin embargo, en los últimos tiempos, diversos medios de comunicación y algunos expertos en sociología o antropología le dedican tiempo no sólo al estudio de la maternidad en su conjunto, desde puntos de vista sociales, culturales o históricos, sino que también destapan y dan relieve a una serie de mujeres que confían en sus cuerpos para parir y criar a sus hijos, que deciden que la maternidad no es un obstáculo para el trabajo sino al revés, es el trabajo y el mercado laboral actual el que presupone un impedimento para el desarrollo de la maternidad, y asumen, por lo tanto, esta importante función vital como una prioridad ante otras que vengan dadas desde fuera. Madres conscientes, retrofeministas, madres insumisas… son muchos los nombres que estas madres de las que hablo reciben.
Es necesaria una actuación subversiva consciente de las madres
He descrito hasta ahora la realidad más cruda. La de cientos y cientos de mujeres y madres que se encuentran con un bebé en brazos y con él, ante la disyuntiva de cómo seguir adelante con todas las verdades que se les han presentado ante los ojos… cómo dar el siguiente paso sin las vendas que nos cegaban… cómo continuar la vida sabiendo todo lo que nos está siendo arrebatado, de bueno y de malo, por seguir la senda trazada de la obediencia y el silencio. Casilda Rodrigáñez nos habla del “estado de sumisión inconsciente” en el que vivimos las mujeres, las madres y la sociedad en general. Creo que para poder salir de ahí no queda más, pues, que una actuación subversiva consciente.
Subversiva (“madres insumisas”, las llama Isabel Aler) porque plantea el quiebre de muchas de las estructuras rígidas que nos sostienen, nos contienen y nos mantienen en este estado. Porque supone, en ocasiones, atentar contra el significado social y cultural de la palabra “éxito” y de su resultado, el “bienestar”. Porque ataca a la sociedad de consumo, al mercadeo (que no mercado) laboral, a la perpetuación de roles y a los modelos establecidos de crianza, de jerarquías, de familia, de sociedad… en una palabra.
Y consciente. Consciencia… madres conscientes. Conscientes de sus necesidades, carencias y deseos, conscientes de las necesidades, carencias y deseos de su bebé, conscientes de cómo actúa el mundo que nos rodea, consciente, sobre todo, de lo inconsciente… una tarea dura, difícil, ingrata… mucho más que el dejarse llevar.
La solución, pues, está en atender a nuestros deseos y nuestros instintos
La solución, pues, está en atender a nuestros deseos y nuestros instintos más que a nuestros deberes y aprendizajes sociales. Cuando un bebé nace, cuando nacemos con él, nos transformamos en otra, otra que se parece algo a quien fuimos, o mucho, pero que tiene otras prioridades, otros saberes… como mujeres en plena tormenta hormonal, como mujeres privilegiadas por los recuerdos de la infancia, aprovechemos todo el conocimiento que guardamos dentro de nosotras, el que duerme bajo todas las convenciones y normas sociales.
Si queremos dar el pecho, demos el pecho… olvidemos las vestiduras y el recato y amamantemos a nuestra cría… dejemos a un lado el reloj, la báscula y los complementos de plástico, látex o silicona… ningún otro mamífero los utiliza para dar de mamar a sus hijos. Si queremos acunar a nuestros hijos, cargarlos, tocarlos y abrazarlos, hagámoslo sin miedo al qué dirán, sin miedo a las consecuencias… los niños no se malcrían, se crían mal, que no es lo mismo… hagamos caso a nuestro instinto cuando queramos apaciguar su llanto en la noche o en el día, protejámosle de todo lo que nos parezca una amenaza y de cualquier cosa que se lo parezca a él… seamos madres amantes, deseosas de su bebé, de su contacto y su olor… dejémonos llevar por la maravillosa oportunidad que nos brinda la naturaleza de encontrarnos con nosotras mismas.
Actuaciones subversivas conscientes. Que arrastren a otros. Que los hagan pensar. Encontremos otras madres con quienes compartir tiempo y saber. En quienes confiar y a quien confiar lo que intuimos, lo que sabemos. Creemos redes, lazos. Las mujeres estamos solas con nuestro saber anquilosado y nuestros cuerpos y tiempos entregados a la ciencia y la técnica, al desarrollo social y económico. Y la soledad nos hace más vulnerables… nos hace más indecisas, menos valientes. Y no me refiero a madres solteras, sino a madres profundamente solas. Solas con una pareja (hombre o mujer) que sale de casa una parte importante del día. Solas con una familia extensa que vive lejos o que a veces, no vive. Solas sin conocimientos sobre lactancia, sobre posparto, sobre noches en vela, sobre pechos que duelen o sangran.
Así, el cuidado y crianza de los hijos, el día a día, se convierte en una alta montaña a la que subir sin apenas herramientas que nos ayuden. Por eso es necesario volver a crear los conocimientos que antes compartían las mujeres de generación en generación, para dejar de sentirnos solas, para volver a ser conscientes y para que la maternidad no tenga que convertirse en una lucha por nuestros derechos y los de nuestros bebés…



Sobre la autora
Nuria Otero es licenciada en Pedagogía y Psicopedagogía, orientadora familiar y doula. Se ha formado con M. Odent, L. Lammers y Laura Gutman, entre otros profesionales. Acompaña antes, durante y después del parto. Realiza orientación familiar de manera privada, acompañando a familias, niños y niñas en la crianza y la educación. Organiza charlas y talleres sobre doulas, maternidad y crianza. Es co-fundadora y presidenta de la Asociación Gallega de Doulas. También es Coordinadora Regional para 3Colours Spain.