martes, 24 de diciembre de 2013

CUANDO COMIENZA EL TRABAJO DE PARTO?

Aún no están claras cuáles son las bases fisiológicas que desencadenan el parto, sin embargo varias investigaciones coinciden en que, tanto el niño por nacer como la madre, participarían en su desencadenamiento. Se podría decir que hay un "acuerdo", producto de una comunicación hormonal, bioquímica y mecánica. Sin embargo hay otra comunicación que no se puede negar, quizá mucho más sutil y compleja, que es  la emocional  y tiene que ver con los tiempos de cada uno.

1)  PRE-PARTO ó PRÓDROMOS :

Los pródromos, son los momentos que preceden al parto. Es un período previo al inicio de trabajo de parto franco, que los especialistas denominamos pródromos, preparto ó trabajo de parto inicial.
EN LOS PRÓDROMOS, RECIÉN COMIENZA EL PARTO, pero no se alcanza la dilatación adecuada como para diagnosticar que se está en Fase Activa del Parto. Es decir, se trata del período en que el cuello del útero comienza a centralizarse, ablandarse, expulsar su tapón y acortarse, para que comience realmente la dilatación. Puede durar pocas horas o varios días (con interrupciones frecuentes). El signo característico es el dolor acompañado o no de contracciones y pérdidas vaginales, pero la embarazada puede interactuar perfectamente con sus allegados, con el medio y está muy atenta a lo que le sucede. Podría tomarse ese tiempo de incertidumbre, para ir registrando las sensaciones corporales, ver de qué manera se pueden aliviar las molestias y comenzar el contacto con el equipo obstétrico que será el encargado de contener y habilitar los recursos que cada mujer tiene, para atravesar ese momento, que a veces suele ser angustiante y que genera muchas ansiedades.

ü  Contracciones CON dolor: Esta situación previa suele generar ansiedad, ya que; a pesar de que las contracciones son dolorosas; son  desorganizadas, algunas débiles, otras más fuertes y pueden presentarse “en salvas” es decir:  grupos de contracciones irregulares seguidas por períodos de calma, que se producen durante varias horas. En este período inicial no se produce dilatación del cuello uterino. Durante este tiempo, el cérvix (el cuello del útero) está madurando, se centraliza y reblandece para permitir luego la verdadera dilatación.

ü  Pérdidas vaginales: A veces, suele presentarse una pequeña pérdida vaginal de una sustancia gelatinosa, transparente, con o sin “estrías de sangre” o pequeñas manchas de sangre. ES EL TAPÓN MUCOSO, que se puede expulsar durante este período, si es que no comenzó unos días antes. También pueden registrarse pérdidas gelatinosas rosadas (el tapón mucoso se mezcla con secreciones propias de las glándulas del cuello del útero, y a esto le llamamos “limos”) O también puede haber una pérdida de sangre como al principio de la regla, de color amarronado. ALARMA: si las pérdidas de sangre son abundantes (mucho más que lo de una menstruación), avisar inmediatamente al equipo obstétrico y conservar la calma.

ü  Otros síntomas:  Dolor lumbar periódico, dolorcitos o “calambres” en el bajo vientre o en la zona inguinal (como una menstruación dolorosa), sensaciones parecidas a las de una indigestión, necesidad de ir al water frecuentemente. Náuseas y/o vómitos y una variedad de síntomas inespecíficos.

ü  Pérdida de líquido vaginal (ruptura de la Bolsa de las aguas): Se puede sentir una gran pérdida intempestiva de líquido o a pequeños chorros. Es imprescindible reconocer que las pérdidas de orina son también frecuentes. Cómo reconocer el líquido que se pierde ? La orina tendrá su olor y color específico, aunque a veces es difícil reconocer sus características. Lo cierto es que; el líquido Amniótico tiene un olor característico: a agua lavandina diluída o a semen. Por tanto, es necesario “oler” el líquido expulsado. Además si el líquido corresponde a la bolsa. Las pérdidas serán continuas, en mayor o menor cantidad. EL LÍQUIDO AMNIÓTICO DEBE SER TRANSPARENTE , como el agua o blanquecino como leche muy diluída. Si es verdoso (verde acuoso, o espeso como “puré de arvejas”) se debe acostar de costado, intentar relajarse al máximo, RESPIRAR PROFUNDAMENTE y LENTAMENTE y ponerse en contacto en forma inmediata con el equipo obstétrico !!!!

SI HAS ROTO LA BOLSA y el líquido es claro, no te asustes. Muchas veces, la bolsa se rompe mucho antes de que aparezcan las contracciones con dolor. No es motivo de alarma. Continúa con tu vida normal, ponéte un paño de post-parto (grueso) y continúa con tu vida normalmente, avisando a tu obstetra. Si ocurrió durante la noche, cubrí el colchón para evitar que se moje y seguí durmiendo o intentá relajarte en el silencio de la noche, observando tu cuerpo.

Muchas mujeres, el esposo, o la familia, demandan una resolución rápida de la situación y las consultas a la Institución durante este período es bastante frecuente. A la mayoría de las embarazadas en este período, suele enviárselas nuevamente a su domicilio o a caminar, para realizar una consulta en pocas horas. En otros casos; si el equipo obstétrico no es capaz de contener en forma paciente la carga emocional que acompaña este cuadro (esta ansiedad colectiva), trae aparejada el aumento de la intervención obstétrica por presiones familiares al médico y con ello, el aumento de la posibilidad de una cesárea innecesaria. El resultado es que la mujer (si se la interna tempranamente, debido a la presión familiar por ésta ansiedad), queda con la creencia de que requirió una cesárea porque “no dilataba” y esto influye negativamente en el post-parto y en su siguiente parto.

Hay que tomarse el tiempo para reconocer los fantasmas que pueden disparar  la cercanía al parto.

La comunicación fluida con la partera u obstetra, ayudan a que el preparto transcurra con menos nerviosismo.
Es importante aceptar al pre-parto, como una posibilidad de adaptación y no como algo que no termina de ser o que no debería ser.

El reconocimiento de este período, por parte de los profesionales y por parte de la mujer que va a dar a luz (y su familia), ayuda a no entrar en estados de ansiedad y angustia innecesarios, antes de que comience verdaderamente el parto.

Puedes descansar, hacer diferentes actividades que te resulten placenteras, dar pequeñas caminatas, escuchar música, pedir masajes, ducharte, sentarte a respirar tranquilamente en la pelota de parto, hacer pequeños trabajos en casa, balancearte cuando sientas dolor, mover tus caderas y la pelvis. Comer alimentos ligeros (frutas, jugos, sopa, ensaladas, caramelos, beber agua, chupar hielo, tomar un helado o alguna infusión…) SOBRE TODO, DEBES MANTENER LA CALMA. Puedes ir preparando la habitación, luces, música, almohadones, materiales para el parto. Tomar un baño tibio y relajante. CONFIÁ EN VOS MISMA Y EN TU BB. Pide la ayuda necesaria a tu compañero, para que él se encargue de las cosas que hacen falta. OLVIDÁTE DE RELOJES y/o CELULARES (no es tu tarea ponerte a contar la duración ni la frecuencia de las contracciones), dejá que fluyan y entregáte a vivir el momento que se te presenta, sin presionarte con pensamientos ni conductas estresantes, que lo único que harán será demorar el parto.

Cuando sabemos que; aproximadamente, hemos superado los pródromos y ha comenzado el Trabajo de Parto efectivamente ?? No es igual en todas las mujeres, ni en los diferentes partos de la misma mujer. Pero, en general, si pasan más de 2 o 3 horas de contracciones que; luego de ser irregulares y con largos períodos de calma -pródromos-  ahora han cambiado el ritmo y se hacen frecuentes, intensas, regulares e ininterrumpidas…. podremos decir que ya debe haber empezado el T de Parto. Cuando las contracciones son de T de Parto, NO SE FRENAN más allá de las 2 horas, sino que continúan (progresan) En esta situación, se debería llamar al equipo obstétrico. Esta tarea le corresponde al compañero de la parturienta.

2)  TRABAJO de PARTO ACTIVO:

A veces se necesitan horas (otras veces, días), para que aparezcan las contracciones más o menos rítmicas, con intensidad y dolor variables, pero ininterrumpidas, regulares y crecientes del Trabajo de Parto efectivo.

ü  Contracciones regulares, intensas y rítmicas CON DOLOR
ü  A veces, en algunas mujeres se presenta: Dolor en la región lumbar (parto “de riñones”)
ü  CAMBIO DE ACTITUD: la parturienta se retrae, se aísla durante las contracciones y cambia su conducta. Ya no puede hablar como en el período anterior, ni fijar su atención en cuestiones externas. Es común que grite, llore, jadee, se queje, insulte o que esté muy quieta y callada

Cuando ha comenzado el Trabajo de Parto, hay que ocuparse del acompañamiento de la parturienta. Apagar las luces. Calefaccionar el ambiente. Supervisar la música elegida. Disimuladamente, sin que la parturienta se sienta observada, se debería tomar la frecuencia y la duración de las contracciones. NO HABLARLE durante la contracción. Se debe contactar con ella desde el afecto y la contención. Darle masajes suaves, ayudarla a respirar, danzar con ella y ofrecerle cariño, confort y seguridad. Si ella está tranquila, se la debe respetar en su momento de calma. Si tiene dolor en la espalda, ofrecerle masajes suaves (suele aliviar mucho el presionar con la mano sobre la parte final de la espalda o el sacro) Hay que transmitirle seguridad y confianza

No hay que dejarse llevar por el miedo o  la inseguridad… ni mucho menos por las ganas de colaborar activamente. A veces, la mujer sólo necesita de una presencia querida cerca  y no tanto de lo que éste haga.

Qué está ocurriendo en ésta fase ?

Ø  Contracciones regulares, cada 2 ó 3 minutos, de 40 segundos de duración (o algo más)
Ø  Pérdida de líquido, si la bolsa no se ha roto antes.
Ø  A veces parece, por la actitud de la mujer; que todo se acelera en intensidad y frecuencia.
Ø  Puede aparecer “presión” en la vagina o en el recto, con ganas de ir de cuerpo.
      
         Qué debe hacer el compañero ?
ü  Quedarse siempre cerca de ella
ü  Tranquilizarla. Expresarle los sentimientos positivos que te inspira el momento.
ü  Darle masajes, caricias, besos, compañía, atender a sus pedidos de agua, jugos. Ayudarla a relajarse, respirar con ella.
ü  Muchas mujeres necesitan sólo el contacto visual con el compañero durante las contracciones y que se las tome de la mano. Respirar de modo que ella, de alguna manera, recuerde que tiene que hacerlo.  Recordarle que el BB está cerca y pronto lo tendrá en sus brazos.
ü  Si la parturienta comienza a angustiarse, no hay que identificarse con ella ni engancharse en esa situación. Mantener la calma para que ella pueda liberarse de sus propios miedos. Darle ternura, ánimo y todo aquello que la haga sentir que puede sentir confianza.
ü  Abrazarla, bailar con ella, ayudarla a caminar o a cambiar de posición
ü  Peinarla con los dedos, despejar su cara, ofrecerle un trapo húmedo y fresco en la cara y la frente, echarle agua de la pileta en la espalda continuamente.
ü  Relajarse con ella en los momentos de calma entre contracciones
ü  NO  interrumpirla con preguntas, mantener el ambiente calentito, vigilar la temperatura del lugar y del agua de la pileta de parto. Si está en el baño, ayudarla con la ducha y tener preparada una toalla calentita para cuando salga…. Etc.


Y… sobre todo… SILENCIO, ESTAMOS DE  PARTO !!!!

¿QUÉ ES UN NACIMIENTO RESPETADO Y UNA CRIANZA CON APEGO?

Embarazo
¿Cuál es la mejor preparación para el parto? La que se de en un lugar donde la mujer se sienta segura y respetada. En la que sienta placer por su cuerpo, en la que no subestimen ni a ella ni a su bebe. En la que no le enseñe a parir. En la que pueda juntarse con otras mujeres madres. En la que se le informen sus derechos, las leyes que la amparan y las opciones que ella pueda elegir. Y sobre todo donde pueda expresar y desterrar sus temores.

Parto
¿Qué es humanizar el nacimiento? ¿Qué es volver al proceso fisiológico? Vivimos bajo un paradigma médico determinado, tenemos incorporada la idea de que, cuánta más tecnología y especialización médica mayor conocimiento y accionar. Esto muchas veces no es así. Por ejemplo en obstetricia y neonatología, los médicos, educados en este sistema y muchas veces con la mejor buena voluntad, trabajan con una serie de rutinas innecesarias y a veces peligrosas en torno al nacimiento. Realmente no se manejan por evidencia científica (ver estudios científicos de la OMS), sino por usos y costumbres, por que se los enseñaron así, porque no tuvieron oportunidad de ver partos fisiológicos, no intervenidos, porque no conocen la fisiología real. La mayoría de las veces la patología es generada por el mismo sistema médico que interviene por demás. Es por eso que a continuación voy a contar cómo suele ser un parto en una institución y por qué queremos cambiar eso. La mujer que va a parir tiene por Ley Nacional (25929) derechos que no se respetan, como estar acompañada en todo momento por alguien que ella elija, como elegir la posición para parir, como estar informada de todo lo que se le hace y decidir sobre su cuerpo, etc. El enema y el rasurado son prácticas que, por suerte, ya no tienen tanta vigencia, pero hay sitios en los que se sigue haciendo sin ningún asidero científico y con efectos contraproducentes.

Rutinas y Fisiología
La imposibilidad de beber y comer es una rutina de las instituciones que argumentan tener que estar en ayunas para una posible cesárea o anestesia general. Sin embargo esto es muy poco común y si pasara es una situación generalmente producida por el mismo accionar médico. No comer ni beber, significa perder energía para afrontar el momento del parto, la madre puede cansarse con mayor facilidad, y el bebé también, cosa muy contraproducente. El suero hidrata pero no repone energías y genera que la madre tenga que estar quieta por estar conectada a una vía intravenosa. Estar quieta, y peor acostada, durante el trabajo de parto es una aberración para las mujeres, que necesitan encontrar las posturas más cómodas y así ayudar al bebé a bajar sin inconvenientes. Estar acostada hace presión sobre la vena cava y baja el flujo de sangre al bebé, por lo que también desciende el ritmo de los latidos; y generalmente es un parto que termina en cesárea por no haberse cambiado de posición a la madre. Otra práctica que mantiene a la madre inmóvil es estar conectada a un monitoreo electrónico que evalúa la frecuencia cardiaca del bebé. Sin embargo esta comprobado que este monitoreo es muchas veces malinterpretado y lleva a cesáreas innecesarias porque se asumen como peligrosas bajadas de latidos que son normales y fisiológicas durante el parto. Además la madre, al escuchar los latidos a través de dicho monitoreo, padece una situación de stress que inhibe la producción de oxitocina, que es la encargada de llevar adelante la dilatación, por lo tanto el parto.
Hablando del stress, toda situación que eleve las adrenalinas de la madre puede detener un parto, o entorpecerlo. El frío, la luz, las personas alrededor, el miedo, la necesidad de responder, de hablar, de usar la parte lógica y racional de nuestro cerebro puede inhibir un parto. Generalmente una institución tiene todos estos estímulos contraproducentes. Hoy en día, en la clínica, no se respetan los tiempos de cada mujer para parir. Lo que se hace es inducir el parto con oxitocina sintética, que es la hormona que la mujer produce pero se la dan vía endovenosa en mayor cantidad. Las contracciones provocadas por la oxitocina no son las mismas que produce el propio cuerpo, si no que son más intensas y dolorosas, y muchas veces terminan generando sufrimiento fetal a los bebés, y por ende cesáreas. Muchos argumentan que gracias a la oxitocina se puede parir más rápido y ayudar a la mujer, como si ésta fuera una máquina que anda mal. Sin embargo no hay mujeres que no dilaten, si la mujer no dilata es porque algo la esta molestando o porque simplemente no llego el momento, el bebé no está listo y hay que esperar. Casi ningún médico deja que la gestación llegue por sí misma a las 42 semanas, sin embargo hasta esta semana cumplida, los nacimientos son normales, y sanos. Y muchas se hacen cesáreas o inducciones con bebes de supuestas 41 semanas que terminan teniendo una edad gestacional menor y por ende problemas para respirar, succionar o adaptarse. Si la dilatación se estanca durante el trabajo de parto, lo primero que hay que intentar, antes de la oxitocina, es procurar que la mujer este en un ambiente tranquilo, íntimo, con poca luz, movilizándose a su manera, expresándose como quiera. Por su puesto, están contraindicados los tactos cada hora, por varias personas, esto puede traer mayor incidencia de infecciones y en definitiva lo único que se consigue es tratar de controlar una situación que nadie debería controlar en tiempo más que la naturaleza. La bolsa tampoco debe ser rota como de hecho se hace, muchas veces, para acelerar el trabajo de parto. La bolsa protege al bebe contra bacterias ajenas y hace el parto más fácil para mamá y bebé porque es una bolsa que amortigua los movimiento de la cabeza del bebé directamente sobre la pelvis de la mamá. Cuando la bolsa se rompe sola, antes de empezar el trabajo de parto, no hay porqué inducir dicho parto con oxitocina, si el bebé esta encajado, no hay porque evitar que esa mamá siga haciendo su vida hasta que el trabajo empiece por sí mismo, por su puesto siempre controlando la posible incidencia de una infección. Parir en posición acostada es sólo en beneficio de la comodidad del medico. Puede ser peligroso para el bebe. Parir en posición semi-acostada predice desgarros y dificulta la salida y rotación del bebe. La mujer tiene que parir en la posición que le resulte más cómoda, que seguramente será la más saludable para su periné y su bebé, y el medico debe adaptarse a ésta. La episiotomía no previene desgarros graves, sino más bien los agrava. Incluso la OMS desaconseja la utilización rutinaria de la episiotomía. Si se produce algún desgarro pequeño siempre será menor que el corte de la totalidad de tejidos de episiotomía. Estos cortes innecesarios generan muchos problemas post-parto y reduce el pleno cuidado y contacto de la madre con el recién nacido. Cóctel de hormonas Como todos los mamíferos, el parto sucede por mecanismos hormonales. La oxitocina, que el la típica hormona del amor, se segrega durante los actos íntimos (sexo, parto, lactancia). La oxitocina deja de segregarse cuando aparece la adrenalina. Si sabemos que para que un parto se produzca necesitamos de las contracciones eficaces (la oxitocina natural) tenemos que evitar toda producción de adrenalina. La adrenalina se produce cuando sentimos miedo, peligro, ansiedad, cuando tenemos frío, cuando hay mucha luz y cuando nos sentimos observados ¿no es eso lo que pasa la mayoría de las veces en los partos? ¿Cómo pretender entonces que sean partos rápidos, fáciles y sin complicaciones? ¿Cómo pretender que el proceso no se detenga ante el miedo, una aguja, o la estimulación del neocórtex? Los mecanismos que se activan en el parto están a cargo de la parte antigua del cerebro, la que compartimos con los otros mamíferos. El neocórtex, que es nuestra parte del cerebro que se ocupa de la razón y el lenguaje tiene que entrar en estado de reposo para poder parir. Es por eso que le figura de la Doula es tan importante, porque tiene que existir una figura amorosa, que de seguridad y que se encargue del entorno, de no estimular a la mujer desde el razonamiento. Mas bien intentando que segregue oxitocina y endorfinas (las hormonas del placer que reducen -de verdad, mucho- el dolor, también enemigas de la adrenalina y para lo que se tienen que tener las mismas consideraciones antes señaladas.

Cesáreas
No estamos en contra de las cesáreas justificadas que son una gran cirugía de salvataje, sin embargo, en los países del tercer mundo, a uno de los cuales pertenecemos, el porcentaje de cesárea es mucho mayor del que debería ser. Nacer por cesárea implica no haber recibido la orden hormonal, la oleada de oxitocina, endorfinas y adrenalina que significa pasar por el canal vaginal. No es lo mismo para el bebé enfrentar ese proceso fundante en la vida, que ser arrancado sin previo aviso del útero. Las cesáreas tienen mayor incidencia en problemas respiratorios, y por consecuencia internación separada de la madre. Tampoco hay que olvidar que es una cirugía mayor con todos los riesgos que esto implica. Las hormonas que liberan, tanto la mamá como el bebé en un parto facilitan luego el apego entre ellos. La oxitocina es la hormona que produce la leche materna y que genera una necesidad de protección y contacto físico con el bebé. Después de una cesárea en el 99,5% de los casos se puede intentar un parto por vía vaginal. Hoy, donde cada vez nacemos más por cesárea, se supone que si esta tendencia sigue aumentado, tal vez en el futuro dejemos de producir todas estas hormonas maravillosas, porque en algún lugar de la memoria de la especie quede registrado que ya no se utiliza. Esto no es bueno, porque se estudiaron la relación entre la no liberación oxitocina (sexo-parto-lactancia-contacto mamá bebé temprano y continuo) con la violencia, el suicidio, la falta de conciencia social, la bulimia y la anorexia, los ataques de ansiedad, la depresión, etc. Existe, entonces, una relación entre la producción de oxitocina y la capacidad de amar. Cuando la cesárea es inevitable, por ejemplo ante el sufrimiento fetal, el bebé la vivencia como un rescate no como un arrancamiento de su espacio placentero. Además hay una gran diferencia entre la cesárea respetada y una no respetada. Aún tendiendo cesárea podemos procurar que ningún bebe se separe de su mama luego de su nacimiento, que haya un ambiente amoroso y acompañado.

Recién Nacido
Si el tiempo del trabajo de parto es respetado sin inducción y en un ambiente de intimidad, las contracciones no son tan dolorosas. La aplicación de la anestesia peridural es el comienzo de una cadena de medicalización, ya que inhibe las contracciones, necesita de una vía endovenosa preventiva, sólo por tratarse de una anestesia, y conlleva a la aplicación de oxitocina, siguiendo así la cadena. Cuando el bebé nace hace un maravilloso proceso fisiológico para poder respirar. En ese momento lo único que necesita es el contacto con la piel de su mamá que tiene el ritmo cardíaco que conoce, el olor que conoce, la voz que conoce y el pezón que necesita para calmarse y alimentarse. La separación mamá-bebé trae trastornos en la lactancia, en el apego y sensaciones muy displacenteras para el bebé. Para recibir un hijo debemos procurar que la sala esté prácticamente a oscuras y muy calentita. Todas las rutinas que se le hacen al bebé pueden esperar. Pesarlo, medirlo, bañarlo, puede esperar. Esto no pasa en la mayoría de las instituciones. Generalmente se les pasa una sonda por la nariz y la boca hasta el esófago para ver si hay alguna obstrucción, esto es muy invasivo, en cambio, puede dársele de beber agua destilada y escuchar con un estetoscopio si llega al estómago (o diagnosticarlo previamente por ecografía). Lo mismo pasa con la sonda que se aplica en el ano, sólo hay que esperar a ver si el bebé hace caca. La vitamina K que se aplica inyectable, puede darse por boca. La hepatitis B es una enfermedad que sólo se transmite por vía sexual o transfusión de sangre, si se comprueba que la embarazada no tiene el virus no hay por qué molestar al recién nacido con esta vacuna. El corte de cordón debe hacerse cuando éste deja de latir, es decir cuando ya no oxigena al bebé. Cuando se hace antes, o a penas nace, el bebé se pierde de seguir respirando por el cordón cuando está haciendo el gran esfuerzo de adaptarse al mundo aéreo, además ese corte tardío de cordón le permite obtener hierro, importante para los siguientes seis meses de vida. Todas las revisaciones que el neonatólogo hace, pueden hacerse sobre el pecho de la madre. ¿Por qué insistir tanto con esto? Porque estudios demuestran que el bebé cuando nace tiene un periodo sensitivo en el que está dispuesto al contacto pleno con su madre. Él en la panza no tiene frío, ni hambre, la falta de gravedad le permite moverse a gusto y fácilmente, está contenido. Afuera, y por los tres meses (o más) que le siguen, necesitará reproducir la vida intrauterina. Esto se logra escuchando el corazón de la madre, sintiendo su olor, siendo alzado, acunado, alimentado con leche materna. Las primeras bacterias que lo colonicen, que sean las de las manos de su madre, para las cuales ya recibió anticuerpos y los seguirá recibiendo por medio del calostro. La hora siguiente al parto, el bebé y la mamá liberan un cóctel de hormonas necesarias para la supervivencia de ambos. Si a un mamífero le quitásemos la cría al nacer y se la devolviésemos a las dos horas, no la reconocería como propia. Nosotros, por razonamiento, podemos entender que es nuestro hijo el que está llegando, pero el instinto maternal, si hay una separación, hay que construirlo de cero, y a veces enfrentar reacciones de rechazo que generan culpa en la mamá. Nada es irreparable, pero es bueno saber que incluso las primeras horas dejan huellas a largo plazo. El método mamá-canguro, que se implementó por primera vez en Colombia por falta de incubadoras, consiste en poner al bebé prematuro que respira bien pero que no regula bien temperatura, sobre el pecho de su madre las 24 hs piel con piel permitiéndole succionar el pecho cuando desee. Estos niños se recuperan mucho más rápido y no tienen necesidad de pasar por la soledad y la falta de su madre que significa estar en neonatología. La Haptonomía (ciencia de la afectividad) ha descubierto que el parto se graba para siempre. Un bebé que nace y es separado de su madre no sólo se siente abandonado, sino que sufre por lo que pueda estar viviendo su mamá. Luego, si al niño no se le habla y no se le cuenta la historia de su parto, puede que repita estas sensaciones (abandono, asfixia, peligro, según como fue el parto) en otras circunstancias de la vida. Lo que ocurre dentro del útero también es parte de la historia fundante de una persona. Los primeros nueve meses de vida son como un espejo de la vida intrauterina, y le van recordando a al bebé las emociones transitadas durante ésta. Es por eso que hay trabajar con el diálogo (tanto desde el leguaje como desde la corporalidad) de la mamá con el bebé, desde la concepción. Porque si bien muchos dolores y angustias no se pueden evitar, sí pueden sanarse desde el esclarecimiento de la historia, desde el contacto físico y desde el lenguaje.

Lactancia
La lactancia materna no sólo es el mejor alimento para el bebé y el que ideó la naturaleza para los seres humanos, sino que activa una serie de hormonas que establecen el apego entre la mamá y el bebé. El bebé recién nacido sano no debería ingerir más que la leche materna ya que una mamadera o un chupete confunden la succión y hacen que no mame correctamente por lo tanto no se produce la leche necesaria. No hay mujeres que no tengan leche o que se queden sin ella. La cantidad de leche es directamente proporcional a lo que el bebé succiona. La teta no sólo es el mejor alimento, sino la mejor caricia, el mejor contacto sensorial con la madre, la mejor forma de calmarse, de dormirse, de recibir amor, de calmar la sed, de sentirse seguro.

Puerperio
El puerperio no dura seis semanas, sino dos años aproximadamente. En ese tiempo el bebé necesita estar fisionado con su mamá. La madre entregada a este proceso vive un profundo despertar de conciencia porque se enfrenta con su propia sombra, el niño que fue, todas las heridas no sanadas. Algunas mamás pueden creer volverse locas, por este estado tan magnifico que ideó la naturaleza para que sobrevivan los bebés. La madre deja de tener tiempos, horarios, y se entrega a maternar a su hijo conectándose con el interior y desconectándose con el exterior, con lo racional, con la vida anterior. La mamá también es una niña que necesita ser maternada por otro adulto que la proteja, no que le cuide al bebé, sino que la cuide a ella. No es posible estar en apego emocional con un niño si la madre se encuentra sola, atemorizada, descuidada o poco sostenida.

Crianza
Los bebés no se malcrían, necesitan recrear el ambiente intrauterino, estando cerca de sus padres siendo acunado y tenido a upa la mayor parte del tiempo. Con respecto a su desarrollo motriz es bueno destacar que loe bebés no necesitan ayuda para aprender a moverse, sentarse, caminar…si logran esto por ellos solos, sin ayuda extra, sin ponerlos en posiciones que aún no adoptan por sí mismos, luego tendrán un manejo mucho mejor de su corporalidad durante todo su vida.

Respetemos sus tiempos
Parir y nacer son cosas que no se enseñan y no se aprender. Son experiencias intransferibles. A dormir no se enseña, tampoco a caminar, dejar los pañales, destetarse o a comer. La evolución misma es la que se encarga de eso. Permitámonos dejarnos llevar por la fisiología de nuestros bebés, por lo que ellos realmente necesitan. Confiemos en ellos. Y hagámosle así, el mejor regalo para su vida. Un niño que en los primeros años o meses es amamantado, sostenido en brazos (incluso en la noche), satisfecho en sus necesidades, sin que se le hayan inculcado reglas para dormir, para comer, para expresarse (como dejarlo llorar o considerar que si no tiene hambre hay que sacarlo de la teta, la que sirve de consuelo amor y placer además de alimento), será después un niño seguro, independiente que sabe que sus padres están ante cualquier necesidad, y crecerá con mayor libertad y autosuficiencia.

CONVERTIRSE EN MADRE

Hay algo de salto al vacío en el hecho de convertirse en madre. Porque realmente no sabemos qué pasará al día siguiente del parto. Quién será nuestro hijo o nuestra hija… pero fundamentalmente, desconocemos en quién nos convertiremos nosotras.
Si hay un aspecto en el que coinciden muchísimas mujeres a la hora de recordar el posparto es ese sentimiento de no reconocerse a ellas mismas, de no encontrar en el espejo a aquélla que fueron. Y no se trata tan sólo de un desencuentro físico, de que estemos más o menos gordas de lo que esperábamos, de que los pechos nos duelan, de que los entuertos y loquios no acaben cuando creíamos, de que el pelo se nos caiga a mechones, de que el cansancio nos desmorone hasta límites insospechados días antes y de que los brazos no se acostumbren a mantener constantemente el peso de nuestro bebé.
No… es mucho más que eso. Es el encontrarse con una mujer a la que desconocemos totalmente. Que piensa cuestiones y en cuestiones en las que nunca había pensado antes, que se contradice a sí misma cada cuarto de hora, que aunque quiere dormir no deja de velar el sueño de ese pequeño ser que acaba de romper en dos sus creencias, que tiene miedo y vértigo y alegría e inseguridad y se siente fuerte y poderosa a la vez que débil y diminuta… una auténtica montaña rusa en la cual las hormonas tienen mucho que ver, pero también una incalculada brecha que se ha abierto en nuestra vida gracias a la aparición de ese pequeño que nos ha arrebatado la cordura.
Entrevemos la mujer sin límites que podríamos llegar a ser
Una brecha a través de la cual entrevemos las posibilidades reales del amor, del deseo, de la entrega… la mujer sin límites que podríamos llegar a ser, la verdadera YO que se esconde tras cientos de convenciones sociales, tras velos y velos de “cordura”, tras la obediencia aprendida y el “saber estar” pretendido.
Y lo que se ve nos encanta, pero a la vez nos asusta… como las atracciones de feria, a las que la mayoría de las veces, pasada una cierta edad, dejamos de subir, porque el miedo puede más que el maravilloso agujero en el estómago a la hora de dar una vuelta cabeza abajo en una máquina infernal. Así, miramos hacia otro lado mientras esperamos que la brecha se cierre, mientras esperamos que alguien nos ayude a cerrarla o simplemente la cierre a base de dosis de realidad.
Ahora bien… ¿qué es lo que sucede realmente? ¿qué nos pasa a las mujeres durante el posparto?
Por un lado, hay un poco de química y cambios hormonales que nos vinculan (o desvinculan) de una manera diferente a las demás personas, a nuestro nuevo hijo, a nosotras mismas y al mundo en general. Pero estos “estados alterados de la biología” adquieren unas connotaciones muy diferentes en función del tamiz cultural al que nos vemos sometidas.
Por otro lado, en el posparto, precisamente gracias a ese puñado de hormonas en el que nos convertimos, se producen aperturas de conciencia, reconocimientos de verdades que quizás ni íntimamente habíamos percibido, surge nuestra vida toda ante nuestros ojos, y también las posibilidades que tenemos. Es la brecha de la que hablaba y de la que nadie habla… ni antes, ni durante, ni después del embarazo, centrados como estamos en ver sólo lo visible, lo tangible, lo conocido… volcados como vivimos en los resultados (el embarazo perfecto, el niño guapo y entero), y en la vuelta a la supuesta normalidad que nos envuelve (nuestra figura de siempre, nuestra rutina diaria, nuestro éxito laboral, nuestra vida triunfante).
Y por último, pese a todas esas posibilidades tanto físicas como psicológicas y emocionales que se abren ante nosotras, existe un mundo que nos condiciona, que nos ata, nos juzga y nos sojuzga de una manera tan omnipresente y omnipotente que somos casi incapaces de verlo, tan libres y perspicaces como nos creemos.
Sin embargo, pese a ello, pese a las dificultades, más allá de los condicionantes, de los juicios y prejuicios, a pesar de nosotras mismas y nuestra historia, existen posibilidades de maniobra, pequeños gestos que día a día pueden hacernos más libres, mejores personas y, fundamentalmente, madres más conscientes.
Desarrollemos un poco cada idea.
 1 . La impronta, las hormonas, el vínculo.
Durante el parto, durante el nacimiento de un bebé y en las primeras horas posteriores, se producen ciertos fenómenos hormonales de una intensidad incomparable a la de cualquier otro momento de la vida humana. Cuanto menos intervenido sea el parto, cuanta menos medicalización del proceso, más cantidad de hormonas (fundamentalmente oxitocina) tendremos tanto en la madre como en el bebé. Y esas hormonas son necesarias para que tanto el parto como el nacimiento culminen con éxito. Se hacen necesarias para el alumbramiento espontáneo de la placenta, para la contracción natural del útero, para la subida del calostro y, más adelante, de la leche materna, para que el bebé encuentre por sí sólo el pecho y la manera correcta de succionar… pero fundamentalmente, se hacen necesarias para producir un fenómeno mucho más importante para la vida de madre e hijo: la impronta.
La impronta es un proceso que sabemos reconocer muy bien en otros mamíferos; es la responsable de que mamá y bebé se reconozcan aún en medio de enormes manadas de individuos, y al contrario… cuando a un mamífero se le saca su cría y no se le da hasta horas después puede llegar a rechazarla, a no reconocerla como suya. Es una especie de sello no visible pero infalible. En los humanos, es la responsable de que el bebé llore cuando se aleja de su madre, de que a la madre algo se le remueva cuando no escucha a su bebé, o cuando lo escucha llorar, o de que las madres lactantes segreguen leche cuando el bebé llora… Según el Dr. Michel Odent, la primera hora de vida es el momento crítico en el que se produce esa “impronta hormonal”, que va a favorecer un proceso aún más importante: el vínculo afectivo entre madre e hijo.
Incluso en los casos en que el parto haya sido intervenido y la segregación hormonal no haya sido tan potente, se dan cambios que afectan directamente a la relación que mantendremos de ahora en adelante con el bebé. De hecho, la lactancia también profundiza y favorece ese vínculo.
“Así la madre que da de mamar está en un equilibrio hormonal particular. Está bajo los efectos de una hormona indispensable para que se produzca la secreción de leche por el seno. Se trata de la prolactina. Pero esta hormona tiene otros muchos efectos además de ser responsable de la puesta en marcha de la glándula mamaria. Es la hormona que empuja al animal a construir su nido. Es también la que desencadena los comportamientos agresivos característicos de las hembras que amamantan. Algunos de sus efectos en los comportamientos humanos han sido establecidos por el estudio de los síntomas de los tumores secretores de prolactina en la mujer y en el hombre. En primer lugar la prolactina reduce la libido, el interés sexual. Posteriormente tiende a engendrar estados de subordinación, de sumisión y también un cierto grado de ansiedad. Estos efectos de la prolactina en la conducta de la hembra son fácilmente interpretados como ventajas para la supervivencia de la especie. Cuando una mujer comienza la lactancia todos los efectos de la “hormona del amor” tienden a dirigirse al bebé. El bebé se convierte en objeto de amor. La subordinación permite una disponibilidad máxima frente a las exigencias del bebé. En lo referente a la ansiedad se traduce por una capacidad de vigilancia acrecentada durante el período de lactancia y una tendencia a no experimentar las fases de sueño profundo.” Michel Odent, El bebé es un mamífero.
Ante este estado bioquímico, es lógico entender muchos de los desconciertos que atacan a una madre recién parida o a cualquiera que conviva con ella e intente seguir un orden o rutina preestablecidos con antelación a la llegada del bebé. Cualquier parecido con la persona que la madre fue antes de dar a luz será mera coincidencia, y ella estará tan sorprendida por sus hallazgos, por sus nuevas decisiones, por sus nuevos sentimientos, por sus reacciones imprevisibles, como cualquiera que la observe desde la barrera sin intentar comprender.
Nuestra cultura no está preparada para aceptar a las madres
El problema que nos encontramos ante todo esto es que nuestra cultura no está preparada para aceptar a las madres (ni para dejar que ellas se acepten a sí mismas) con este estado hormonal. Porque aceptarlo sería aceptar que las mujeres, durante este período y en ese estado, vivirían por y para la criatura. No se encargarían de otra cosa porque su propio cuerpo boicotearía cualquier otra iniciativa. Amamantarían día y noche sin mirar el reloj ni el calendario, cargarían al bebé sin complejos porque así lo pediría él y porque así responderían ellas. No volverían a trabajar a los cuatro meses aún por cumplir del bebé, ni a los cinco, ni a los seis… ni sabe dios cuándo; por lo tanto, no producirían en su trabajo ni demandarían creación de empleo en el sector de la educación infantil.
La conciliación familiar perdería sentido… Por eso nos empeñamos en que todo vuelva a la normalidad… entendiendo por normalidad lo que había antes del parto… y si puede ser antes del embarazo, mejor. Nos empeñamos en que la madre separe de sí al bebé, amamante a períodos organizados, vuelva a la rutina, se comporte como se comportaba antes… para que todo siga girando, para que nada se tambalee, para que no tengamos que plantearnos el sentido de todo lo que hacemos… que la biología funcione de una determinada manera no tiene, para nosotros los occidentales, ninguna razón de ser.
Y así, doblegamos a las madres, nos doblegamos, y nos convertimos en mujeres que desean algo que no pueden tener, porque ni nosotras mismas nos lo permitimos. Sacudimos la cabeza, miramos hacia otro lado y seguimos con nuestra vida intentando no ser demasiado conscientes de lo que sentimos, de lo que la biología y la química nos demandan… y así, vamos perdiendo la posibilidad de reforzar el vínculo con nuestros hijos, vamos perdiendo credibilidad ante nuestros propios ojos… volvemos al redil.
2 . La herida abierta.
Todas las mamás, con un mínimo de sostén emocional, son capaces de amamantar, de acunar, de higienizar a un bebé, de proporcionar los cuidados físicos necesarios para su supervivencia. (…) La dificultad se presenta cuando se impone reconocer en el cuerpo físico del bebé, la aparición del alma de la mamá, en toda su dimensión. Reconocernos frágiles, como “mamásbebés”. Cuidarnos como tales. Respetarnos con estas nuevas cualidades. Tenernos paciencia en este tiempo tan especial y no exigirnos un rendimiento igual al acostumbrado. Abrirnos a la sensibilidad que se nos agudiza y a la percepción de las sensaciones que son vividas con un corazón inmenso y un cuerpo que sentimos pequeño porque somos bebé y persona adulta simultáneamente.
Es como tener el corazón abierto, con sus miserias, sus alegrías, sus inseguridades, con todas las situaciones pendientes para resolver, con lo que nos falta comprender. Es una carta de presentación frágil: esto es lo que soy el fondo de mi alma, soy este bebé que llora.
Podríamos considerarla una ventaja exclusiva de las mujeres: la posibilidad de desdoblar nuestro cuerpo físico y espiritual, permitiendo que aparezcan total claridad las dificultades o los dolores personales.
El bebé siente como propios todos los sentimientos de la mamá, sobre todo aquellos de los que no tenemos conciencia. La mayoría de las mujeres no aprovecha esta ventaja de tener el alma expuesta; es riesgoso encontrarse con la propia verdad. Sin embargo, es un camino que indefectiblemente vamos a recorrer, aunque la decisión de hacerlo con mayor o menor conciencia es personal.” Laura Gutman, La maternidad y el encuentro con la propia sombra.
Cuando un bebé nace, nacemos nosotras con él. Renacemos
Cuando un bebé nace, nacemos nosotras con él. Renacemos. Nos volvemos a ver, en muchas ocasiones, pequeñitas y desamparadas. Primero porque, actualmente, las mujeres hemos perdido las referencias y la experiencia previa sobre bebés, no sabemos nada de ellos, de cómo son, de cómo se cuidan, se lavan o se acunan, pero tampoco de cómo sienten, de cómo lloran, de cómo acarician, de cómo llenan el espacio y, a la vez, lo vacían de lo superfluo. Por lo tanto, nos sentimos aprendices en nuestra propia vida, pero sin tiempo ni posibilidad para el ensayo, para equivocarnos. Al haber perdido el contacto con otras mujeres paridas y con sus bebés, hemos perdido los conocimientos sociales y culturales que, con respecto a la maternidad, manejaban con soltura nuestras abuelas y bisabuelas.
Pero, además, porque ser madre, convertirse en madre, encontrarse puérpera, nos supone reencontrarnos con el bebé que fuimos, con lo mucho o poco que nos desearon, nos acunaron, nos besaron, nos cantaron, nos acariciaron. Supone traer a colación nuestros peores y mejores recuerdos de infancia, enfrentarnos con lo mucho que nos parecemos a lo bueno y lo malo de nuestras madres, supone ver en quiénes nos hemos convertido en ese espejo en el que aparece una mujer que se parece a nosotras pero que ya no es.
Muchas mujeres relatan que cuando tienen un bebé aparecen, nadie sabe de dónde, canciones infantiles y nanas que no habían oído desde que hace veinte, treinta o cuarenta años empezaron a dormir solas… otras relatan largos y detallados cuentos que meses antes no podían recordar ni siquiera con esfuerzo. Junto con esos cuentos y canciones regresan a menudo la voz que los contaba o cantaba y las circunstancias que los rodeaban.
También, en ocasiones, regresa el vacío de no haber sido cantada ni contada. Emocionalmente, en este momento, las mujeres abrimos una especie de bucle temporal que, además de lo bueno, nos trae también lo malo, lo regular y lo terrible. Nos devuelve nuestra propia infancia. Puede que no seamos conscientes de ello, pero ocurre. Y todo lo que nos llega nos tocará como por arte de magia y nos hará estar en una disposición completamente nueva para asumir la maternidad, pero también para asumir nuestra propia vida, para asumirnos como somos, como fuimos, para querernos a pesar de que nos hayan querido o no y, así, empezar con nuestro bebé una relación nueva, que no lleve a rastras las carencias o excesos de nuestras propias relaciones como hijas…
A las mujeres se nos urge para que volvamos a ser como antes
Pero otra vez, a las mujeres se nos urge para que volvamos a ser como antes, para que no nos detengamos en búsquedas ni en profundidad, para que dejemos estar lo dormido durmiendo y nos dediquemos a dormir lo que despierta. El mundo no nos concede el tiempo que necesitamos para asumir estos procesos, ni siquiera nos concede la posibilidad de hacerlo en nuestros ratos libres… nos ocupa con visitas, paseos, gimnasios… nada que nos deje solas y capaces de abrir la brecha, de bucear en ella, de ahondar en el dolor que produce para sanarlo. Otra vez, nos distraen de lo importante y nos dejamos liar.
3 . La libertad con cuerdas.
Hace bastantes años que las mujeres occidentales hemos dejado atrás la esclavitud de la vida de amas de casa, cuidadoras de marido e hijos, limpiadoras a tiempo completo, celadoras del orden y la pulcritud de nuestro hogar y prole. Ahora estudiamos una o dos carreras, varios posgrados, másters y especializaciones y, con suerte, accedemos a un puesto laboral semi-acorde a nuestras expectativas, que nos lleva casi todo el tiempo de que disponemos y nos da una cierta libertad económica (esta libertad va a depender del puesto real que desempeñemos laboralmente y también del nivel de vida y estatus en el que pretendamos movernos).
Lo que ocurre habitualmente es que vamos relegando otros aspectos más íntimos de nuestra vida en aras del desarrollo de esa parte académico-laboral. Y cuando nos damos cuenta, suele ocurrir que estamos inmersas en un ritmo de vida del que no podemos zafarnos. En el momento en que alcanzamos el puesto o estatus por el que luchamos es cuando, en principio, podemos bajar el ritmo para dedicarnos a otros menesteres entre los cuales entran los planes para convertirnos en madres. Pero entonces es cuando nos damos cuenta de que todo el mundo que hemos construido se sostiene sólo si seguimos con el mismo ritmo, con las mismas exigencias, con la misma dedicación a nuestra vida profesional.
El problema, claro está, no radica en ese ritmo, ni en el hecho de vivir una vida profesional más o menos masculinizada, ni siquiera en el hecho de que dudemos si bajar el ritmo es bueno o malo, de que temamos las consecuencias, de que “el tren se nos vaya”. El problema es que consideremos, como sociedad, que sólo saliendo de casa y triunfando profesionalmente, nos estamos realizando. Cualquier mujer que se atreve simplemente a cuestionar esta verdad y piense, aunque sea por instante, en tener hijos y hacer un paréntesis o un cambio de ritmo laboral es acallada por múltiples críticas, advertencias y admoniciones de todo tipo: te quedarás sin tu puesto, te echarán del trabajo, ya no podrás optar al ascenso, no contarán contigo… en ocasiones, estas advertencias no pasan de ahí, pero en otras se convierten en realidad.
Hace falta una conciencia social sobre lo que realmente nos aporta criar a nuestros hijos
Evidentemente, esto es algo que no se puede permitir, es un aspecto de la realidad laboral de este país y de otros muchos que hay que solventar. Pero opino tajantemente que la solución a este problema no pasa por que releguemos la maternidad, el cuidado y la crianza de nuestros hijos al último lugar en nuestra lista de prioridades. La solución no está en no tener hijos hasta que logremos el puesto más alto en la empresa y luego volver a trabajar en menos de 4 meses para que nadie note nuestra falta… la solución es otra, y parte, en primer lugar, de una conciencia social sobre lo que realmente nos aporta criar a nuestros hijos, no como personas, que también, sino como sociedad, como civilización… verdaderas políticas de conciliación basadas en el respeto por la familia y no en el respeto por el empresario.
"Las apariencias a menudo engañan, sobre todo si esa apariencia está preparada y es una estrategia del Poder. Con la revolución científico-técnica y, como dice Agustín García Calvo, los medios de formación de masas, se ha conseguido una casi total deshumanización y robotización de la función materna, que supuestamente 'libera' a la mujer de la degradada y socialmente degradante tarea de la maternidad. Las mujeres hemos caído en la trampa. Al haber logrado convertir la maternidad en una opción o, gracias a las leches artificiales y al plástico, en una gestación compatible con una carrera profesional definida según el arquetipo masculino, nos hemos creído que, por fin, habíamos accedido a la igualdad con los hombres.
Pero el haber logrado que la maternidad sea una opción no zanja la cuestión, y la robotización de la función materna refuerza aún más el discurso y las raíces de la sociedad patriarcal. Porque, si sólo renunciando a la maternidad o deshumanizando su función podemos dejar de ser inferiores, estamos asumiendo que la maternidad es algo efectivamente degradante y que nos inferioriza, que nos rebaja, que nos hace ser como vacas o animales reproductores.” Casilda Rodrigáñez Bustos. Mujer, maternidad y socialización.
Lo que ocurre, como ya he dicho, es que, verdaderamente, la maternidad no es una opción tan válida como otras. Es la opción con la que se quedan quienes no tienen opciones. La hermana pobre de las opciones que a las mujeres nos da la vida. Incluso la mayor parte de las mujeres que en un primer momento optan por dejar su trabajo para dedicarse al cuidado de los hijos, lo hacen pensando que es una decisión temporal, y que cuanto menos tiempo pase, mejor, así costará menos volver al “mercado laboral”.
Ocurre otra vez, por mucho que nuestro bebé nos haya emocionado y enamorado, por mucho que hayamos descubierto nuestras fortalezas y debilidades, por mucho que deseemos quedarnos a cuidar y criar a nuestros hijos, la sociedad patriarcal, monetarizada y jerarquizada en la que vivimos, decide por nosotras y nuestras familias dónde está nuestro lugar en el mundo, y por supuesto, y mucho más grave, dónde está el lugar de nuestros hijos… en la guardería, lejos de casa, lejos de la madre, de manera que los deseos e instintos de ambos se vayan apagando a base de distancia física y temporal, a base de la aparición de tareas y personas que interfieren en el apego y la necesidad vital de madre e hijo de permanecer juntos. Nada se descoloca, la rueda sigue girando, el mundo sigue produciendo y nosotras con él, y nuestros hijos, desde sus primeros meses de vida, crean puestos de trabajo. 
4. La alternativa.
La maternidad queda habitualmente reducida al ámbito hogareño y familiar, sin suscitar interés si no es en sus vertientes más físicas como el parto, la lactancia o las depresiones puerperales. Sin embargo, en los últimos tiempos, diversos medios de comunicación y algunos expertos en sociología o antropología le dedican tiempo no sólo al estudio de la maternidad en su conjunto, desde puntos de vista sociales, culturales o históricos, sino que también destapan y dan relieve a una serie de mujeres que confían en sus cuerpos para parir y criar a sus hijos, que deciden que la maternidad no es un obstáculo para el trabajo sino al revés, es el trabajo y el mercado laboral actual el que presupone un impedimento para el desarrollo de la maternidad, y asumen, por lo tanto, esta importante función vital como una prioridad ante otras que vengan dadas desde fuera. Madres conscientes, retrofeministas, madres insumisas… son muchos los nombres que estas madres de las que hablo reciben.
Es necesaria una actuación subversiva consciente de las madres
He descrito hasta ahora la realidad más cruda. La de cientos y cientos de mujeres y madres que se encuentran con un bebé en brazos y con él, ante la disyuntiva de cómo seguir adelante con todas las verdades que se les han presentado ante los ojos… cómo dar el siguiente paso sin las vendas que nos cegaban… cómo continuar la vida sabiendo todo lo que nos está siendo arrebatado, de bueno y de malo, por seguir la senda trazada de la obediencia y el silencio. Casilda Rodrigáñez nos habla del “estado de sumisión inconsciente” en el que vivimos las mujeres, las madres y la sociedad en general. Creo que para poder salir de ahí no queda más, pues, que una actuación subversiva consciente.
Subversiva (“madres insumisas”, las llama Isabel Aler) porque plantea el quiebre de muchas de las estructuras rígidas que nos sostienen, nos contienen y nos mantienen en este estado. Porque supone, en ocasiones, atentar contra el significado social y cultural de la palabra “éxito” y de su resultado, el “bienestar”. Porque ataca a la sociedad de consumo, al mercadeo (que no mercado) laboral, a la perpetuación de roles y a los modelos establecidos de crianza, de jerarquías, de familia, de sociedad… en una palabra.
Y consciente. Consciencia… madres conscientes. Conscientes de sus necesidades, carencias y deseos, conscientes de las necesidades, carencias y deseos de su bebé, conscientes de cómo actúa el mundo que nos rodea, consciente, sobre todo, de lo inconsciente… una tarea dura, difícil, ingrata… mucho más que el dejarse llevar.
La solución, pues, está en atender a nuestros deseos y nuestros instintos
La solución, pues, está en atender a nuestros deseos y nuestros instintos más que a nuestros deberes y aprendizajes sociales. Cuando un bebé nace, cuando nacemos con él, nos transformamos en otra, otra que se parece algo a quien fuimos, o mucho, pero que tiene otras prioridades, otros saberes… como mujeres en plena tormenta hormonal, como mujeres privilegiadas por los recuerdos de la infancia, aprovechemos todo el conocimiento que guardamos dentro de nosotras, el que duerme bajo todas las convenciones y normas sociales.
Si queremos dar el pecho, demos el pecho… olvidemos las vestiduras y el recato y amamantemos a nuestra cría… dejemos a un lado el reloj, la báscula y los complementos de plástico, látex o silicona… ningún otro mamífero los utiliza para dar de mamar a sus hijos. Si queremos acunar a nuestros hijos, cargarlos, tocarlos y abrazarlos, hagámoslo sin miedo al qué dirán, sin miedo a las consecuencias… los niños no se malcrían, se crían mal, que no es lo mismo… hagamos caso a nuestro instinto cuando queramos apaciguar su llanto en la noche o en el día, protejámosle de todo lo que nos parezca una amenaza y de cualquier cosa que se lo parezca a él… seamos madres amantes, deseosas de su bebé, de su contacto y su olor… dejémonos llevar por la maravillosa oportunidad que nos brinda la naturaleza de encontrarnos con nosotras mismas.
Actuaciones subversivas conscientes. Que arrastren a otros. Que los hagan pensar. Encontremos otras madres con quienes compartir tiempo y saber. En quienes confiar y a quien confiar lo que intuimos, lo que sabemos. Creemos redes, lazos. Las mujeres estamos solas con nuestro saber anquilosado y nuestros cuerpos y tiempos entregados a la ciencia y la técnica, al desarrollo social y económico. Y la soledad nos hace más vulnerables… nos hace más indecisas, menos valientes. Y no me refiero a madres solteras, sino a madres profundamente solas. Solas con una pareja (hombre o mujer) que sale de casa una parte importante del día. Solas con una familia extensa que vive lejos o que a veces, no vive. Solas sin conocimientos sobre lactancia, sobre posparto, sobre noches en vela, sobre pechos que duelen o sangran.
Así, el cuidado y crianza de los hijos, el día a día, se convierte en una alta montaña a la que subir sin apenas herramientas que nos ayuden. Por eso es necesario volver a crear los conocimientos que antes compartían las mujeres de generación en generación, para dejar de sentirnos solas, para volver a ser conscientes y para que la maternidad no tenga que convertirse en una lucha por nuestros derechos y los de nuestros bebés…



Sobre la autora
Nuria Otero es licenciada en Pedagogía y Psicopedagogía, orientadora familiar y doula. Se ha formado con M. Odent, L. Lammers y Laura Gutman, entre otros profesionales. Acompaña antes, durante y después del parto. Realiza orientación familiar de manera privada, acompañando a familias, niños y niñas en la crianza y la educación. Organiza charlas y talleres sobre doulas, maternidad y crianza. Es co-fundadora y presidenta de la Asociación Gallega de Doulas. También es Coordinadora Regional para 3Colours Spain.


viernes, 6 de diciembre de 2013

Relato del parto en casa de Ambar violeta

Todo comenzó el dia miércoles 18 de septiembre, estuve  en la tarde paseando y pase por la casa de mi mamá, me quede un rato comi unas frutas luego le comento que me sentía un poco dolorida la espalda, era como dolores mínimos pero molestos, entonces me recosté un rato en la cama, me levante bueno ya está ya iba para casa, mi mama me decía de ir caminando claro, yo ya no soportaba nada no quería saber nada de caminar estaba re pancha, bueno tomamos el colectivo por 10 cuadras, jajá  aparte no se me llevaba unos bolsos yo re cargada, y tmb le había pedido a mi mama un saco de lana re grandote le dije, ma este saco lo puedo usar en el parto, porque capaz me agarra frio, bueno a todo esto charlando en el colectivo yo estaba ya mas dolorida pero tranqui, mi mama me dice puede ser que sean minis contracciones, bueno digo yo y bueno ma, me baje en casa, bajo llego, ale no estaba, se había ido a patinar, bueno lo llamo, le comento, me dice bueno en un rato voy, mientras tanto el viene, yo un poco mas caminaba por las paredes, sola en casa, bueno igual re tranqui usaba la pelota que me prestó Rosana,(Doula) hacia los ejercicios  daba vueltas y llega ale, me dice como me sentía, yo bien , bueno voy a recostarme a una siesta y yo mientras tanto meditaba pensaba decía el legado de parto bueno todas las locuras se me venían a la cabeza, ale mientras se dormia una siesta, SIESTA QUE NO PUDO DORMIR, gracias a mi jaja, yo le decía que ya eran contracciones, yo ya lo sentía bueno a todo esto yo estaba mensajeandome con Dámaris (Partera) le comentaba como me iba sintiendo y todo lo que me iba pasando, hasta que en un momento tipo 18hs ella me dice que espere una horita dos horitas mas y que le siga diciendo como estaba, bueno yo seguía caminando por las paredes las molestias que tenían ya se estaban tornando insoportables, mucha agua y agua, aire, aire, bueno le dije a Damaris que ya sentía dolorcitos bajo la espalda fuertes, pero tranqui yo estaba bien, bueno me dijo que ya venía para casa, bueno todo tranqui Ale ahí ya nos imaginábamos que ya estaba en el momento, bueno asi llega Dámaris, y me pregunta cómo me siento, escucha el corazoncito Ambar  lo va escuchando, yo no sabía de que manera sentarme ya, quería caminar, no quería hablar mucho bueno seguía con el corazoncito de Ambar todo en orden y perfecto las contracciones ya eran seguiditas cada 5 segundo 20.40-20.45-20.50-20.55 hs y asi. Bueno comenzaba el trabajo de parto parecía, y así fue, mucho ya desde este momento no recuerdo, yo me sentía extasiada ya en la pieza, después suena el teléfono y era mi mamá habla con ale y ale le dijo que yo ya estaba con contracciones mi mama llega, después llega Ana la mama de Ale, llega Cyn, mi cuñado bueno ellos ya están en el comedor, nosotros en la pieza, después Ale me dice si la llama a Rosana (Doula) si le dije, bueno le manda mensaje, al teléfono de la casa, cualquiera, bueno Rosana parece que su sexto sentido le dijo que atienda y escucho el mensaje de Ale, y vino a acompañarnos, llega Ro, le dicen que hacia con un bolso tan grande. Algo asi nose que yo ya estaba en otra totalmente, Ale mi compañero ahí masajeándome, yo con el cuerpo medio tenso pero bien en todo momento muy concentrada en mi, y en mi bebe.. yo sentía como que si ella desde la panza guiaba, y yo seguía lo que decía mi cuerpo, en un momento recuerdo que le decía a Damaris y Ro  que tenía como ganas de ir al baño bueno anda me decían, iba y nada, después hasta quise hacer en la pieza no me importaba nada ya, bueno no, no salía nada, después me concentre mas y respiraba, me daban paños calientes en la espalda, Ro me ayudaba me masajiaba, a Dámaris la miraba eran miradas con tanto amor, y cariños, conectadas, miradas concentradas en el alma, todo era tan profundo, Bueno me daban masajes en la espalda me dolia mucho en la cintura, yo tenia como tooodo el cuerpo tenso decía ale mi cola estaba re dura  me tocaba y era duro duro , pero yo no sentía eso, claro no sentía dolor yo sentía solo la molestia en mi cintura, y sentía también las piernas como que temblaba un poquito, fui al baño, sentía como se me abria todo, pero me mire al espejo y me dije que todo iba bien, como que tenia mucho calor de repente me saque todo quede desnuda completamente, estaba en la pieza con ale, ale me miraba nos mirábamos, era un momento mágico único uno los tres, bueno ahí le digo que tengo ganas de vomitar, las chicas Damaris y ro estaban en la cocina creo con los familiares, ya comían pizza no me acuero nose algo asi, bueno en una Damaris ve que vomito, y dice que ya comenzamos trabajo de parto nose que hora era tipo 22hs? Bueno capaz, y bueno vomite un poquitito era como algo que quería salir, y me molestaba debajo de la panza como que también ya estaba bajando ambarcita, siento todo , mis huesos mi cabeza yo quería mucha agua tomar agua, gritar aaaaaaaaaa uuuuuuuu auuu aieuuuu ooooou oo aa y asi junto conmigo cantaba Damaris y ro, me agarraba de ellas las abrazaba nose de todo, todo ,me mimaban me hablaban me cuidaban, y ahí todo, en un momento me agacho quiero como sacar algo de mi vagina, bueno ahí, n o bueno me agacho, rompo bolsa, Damaris justo estaba agachada y recuerdo que se reia porque como q le salpico algo asi jajja, y bueno ahí ella se pone los guantes, en ningún momento me hace tacto ni nada, solo espera a que me agarren contracciones, dilatar, blahaah eso bueno nose en que momento paso todo, en un momento yo ya me encontraba recostada, o como media semi agachada con las piernas abiertas al mundo, ahí esperando que tenga contracción tras contracción cuando venia una era como una ola de marrrrrrrrrr yo gritaba amaba el mundooo todo era como super fuerte cuando se iba esa ola, respiraba y me relajaba un rato, venia otra y auuu aooo ooo uuuu ay y asi, venia otra hasta que en un momento se ve la cabecita de ambar sus pelos, Ro me muestra con el espejo para que vea mejor wau se veía todo, yo sentí como la vagina tan impresionante que como se abria wa re locoo, bueno me dice dale dale algo asi como que haga un ultimo esfuercito que ya iba re bien ambar venia en una recuerdo que dije ambaaaaar mi amor saliii dalee ambarr asi le decía yo, le gritaba para que salga que ya estaba ahí ella escuchaba todo, que emocionada por dios, ella escuchaba me escuchaba yo la sentía, tan conectadas, la fuerzas que puse no sabia que existían tales fuerzas divinas en mi cuerpo, sin una cortadura sin nada, todo natural ambar nacio, y ahí saca su cabeza, y Damaris la recibe, sus hombros y sale toda completita hermosa rosada gordota haciendo pucherito, llorisquea un poquito y ya! Ya nacio! Papá le corta el cordon, abraza besa ama, bueno yo seguía ahí agachada sobre media recostada, ya ahora venia una fuerza mas como una contracción y salía la placenta, sangre nose , asi bueno sale la placneta después de un ratito largo, ambar estaba en mis brazos yo sonreía  la amaba la recosté sobre mi pecho le di la teta, ahí ella tan hermosa, todo alrededor había desaparecido, lo único que había era ella y yo un soolo mundo.

Y ahí comenzó todo nació 19 de septiembre a las 00.12 masomenos, ya



Relato de Jaqueline, Mama de Ambar Violeta (Hermosaaa!!)